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viernes, 20 de febrero de 2015

Dolor y risa


Bajo mi ropa
un alacrán dormía.
¡Les juro que no es mentira!

Bajo mi ropa
un alacrán dormía,
no me di cuenta
por sus ronquidos,
sino hasta que picó mi fondillo.

lunes, 19 de agosto de 2013

Insensibilidad


Pretendo fingir que no duele.
Pretendo cerrar mis párpados
y soñar con la tierra
que no es de este lugar. 

Pretendo fingir que no existo. 
Pretendo abrirle las ventanas
a la ceguera urbana,
mientras observo cómo los niños
agonizan frente a los andenes;
pretendo fingir que no me afecta. 

Pretendo fingir que no me importa. 
Pretendo escribirle a la nada
con mi pluma sin tinta
y mis manos sin dedos. 

Pretendo no pecar de fanático apasionado. 
Pretendo agarrarme del agónico
suplicio de la bandera 
que ya ni tiene asta ni color
y pretendo no agazaparme frente al fetiche
que de igual manera: está y no está. 

Pretendo fingir que navego en este chagüite.
Pretendo pescar unas cuantas sílabas
y hacer de la pecera un lago de paradojas,
una sin tiburones, pirañas y tarántulas.

Pretendo fingir que me alejo de esta realidad. 
Pretendo no oír ni escuchar como los demás,
por eso no me quedo callado 
y grito a las ocho vientos mis vértigos
que nacen de la naturaleza ya muerta.

viernes, 16 de agosto de 2013

Desmayo


Soy un puñado de quejas,
un fardo con olor a muerte
y un violín sin arco ni arcoíris;
una tormenta de resacas,
una flor que se hiere a sí misma
junto al abrojo de sus espinas. 

Soy un montón de angustias,
una trenza de esquirlas
y escarchas bordadas al ras del cieno;
soy la piedra del tropiezo
y el anzuelo de las pirañas
que muerden al niño sin sandalias. 

Soy un poco alfiler, un poco aguja
y un tanto veneno en los colmillos de la sierpe;
soy una cobra, sí, una cobra con el pecho alzado
que espera el momento oportuno para atacar
los muros inescrutables de la injusticia. 

Aquí, encima de este petate de melancolías: la congoja que adorna el piso, el alcohol que está lejos para revivirme del vértigo; después de todo, la gota abrió un agujero en mi frente y formó un chagüite a punto de océano, que ahora sirve de vía para los navíos de las náyades.

jueves, 15 de agosto de 2013

Fiebre


En medio de este follaje en ruinas: 
un calor que brota del sopor de la noche,
una sed que se sacia con la copa del poro,
un racimo de caricias que vuelven loca la brújula;
vos y yo, en una tormenta clandestina
haciendo de cada gota una arista,
sí, una arista donde el suplicio no cabe;
sólo tú y yo, en esta caldera
que está próxima a convertirse en alambique. 
 
En esta canícula de vergeles
no cesan nuestros ecos 
y los grillos están en silencio: 
el jadeo atraviesa los tabiques
y los gatos
-¡Ah, los gatos!-
juegan con su bola de estambre,
mientras nosotros arañamos el cosmos
-aullamos-
tal si fuéramos Clovis invocando más calentura.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Dintel


Se sostienen sopores de la ventana
y las bandurrias pasan inadvertidas:
hay una ceguera urbana en las aceras,
hay un vago rumor de harapos,
hay una escalera sin andamio, marginada.

Aquí mientras el cierzo golpea mis pestañas:
vos, amarrada al grillete de mis congojas,
sufres y yo también sufro, ¿qué haces?
¿Acaso atas la seda al cactus del ciego?
Tal vez la llamada de la aldaba 
conteste al eco mortal de las osamentas,
que trituradas al ras del asfalto amarillo
murieron con una venda en sus manos.

Tú amor, que tienes fisuras por todo el cuerpo,
incluso sostienes el lodo enconado del chagüite;
tocas los pelos del bambú y haces canciones
del aire inhóspito que desprende la polilla. 

Yo, todavía comprándole grilletes a la lluvia
para retenerla en el entrecejo de las petunias;
esas flores que desprenden líquido sin matiz,
esas musas que te esperan:
como la ventana al dintel,
como el pichón a su pájara madre
y como yo a ti.

martes, 13 de agosto de 2013

Suplicio


Agazapados en esta tormenta de zodíacos,
mi corazón y el calendario próximo a estertor:
los minutos llegan como ajetreo a las arterias,
pende el suicidio del arcoíris, hacen falta árboles.
Mis lágrimas se desligan del espejismo
mientras la arena cubre las sandalias de la piel;
con puchitos de hollín, mis vértebras se desgarran
y los rayos del Sol irónicamente se ríen
de las alondras que despluma al ras de lo urbano. 
Luego en los vilanos: el juego de cenizas del granito,
los puntos cardinales de la podredumbre,
los vellos donde el pubis reacciona tarde;
vos y yo, sobre la matriz de la acera
contándole fábulas a los adoquines,
a los faroles de los gatos atemorizados
y mientras la lluvia cae con fatiga 
aceptamos la responsabilidad
de hacer caer la torre del sistema.

lunes, 12 de agosto de 2013

Tarea


De nuevo a la ergástula del páramo: aquí frente a mi perra o quizá loba, que bosteza y se traga de un tajo la aurora; ésta aúlla cuando los pájaros musitan penas, también cuando los torbellinos surgen como huesos de los periódicos, ¡ah, qué hecatombes! Ya olvidé si el día amaneció muerto y envuelto en las sábanas de la inmundicia, sólo sé que los golpes de la zarza, hacen que el asfalto baile como gitana y se agriete como volcán en un golpe de furia. Huele a incienso el neumático digital, huele a hijillo el petate donde transitan mis zapatos de la angustia; en cada cactus: la lágrima inhóspita de la chiltota, el agua con la que se cuece el maíz del barro, la espina que saca a otra espina de la planta que sobrevive; y en la raíz, la sangre que a borbotones cicatriza la herida del predio. Sin embargo, ¿qué es lo que hay en la cuna del polvo?, ¿acaso puertas sin aldabas y candados sin llaves? No sé, pero tengo la certeza de que lo inefable viajará a través de las nubes y regará el claustro de las ojeras; mientras tanto, la tormenta causará desastres en el andamio de las postrimerías y a la digresión le dará por soltarse el sostén, para mostrarle al bufón sus vestigios. Después de todo, somos capaces de convertirnos en bejucos y serpientes en cualquier momento; sin duda alguna, en el desvarío de mis atavíos: la marejada de féretros que manejan a 130 grados, rumor de todos los días y pestaña de internet, que poco le hace falta para convertirse en un sarcófago virtual.  

sábado, 10 de agosto de 2013

viernes, 9 de agosto de 2013

Nocturna


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pablo Neruda

Escribir por ejemplo: "La noche está al ras del sacrificio,
las estrellas en equilibrio bajo el péndulo, soga de astros". 

La boca del cielo está abierta y el silencio ahí se oculta. 
Mientras el frío salía de sus senos, me dijo:
tiritas y aún me esperas.

Contesto: 
Decir que la flor que estaba a mi diestra, se fue y nunca volvió. 
Decir que sus labios aún maquillan los míos y me besan. 
Decir que nuestro amor era infinito y sé que lo fue, convivimos.

Puedo escribir que en este muelle, ella me abrazaba y sollozaba;
podría echarle la culpa al tiempo, ¡ah, qué cruel es el tiempo!
Cobra los minutos de la existencia y la muerte es su patrona. 

En noches como esta: 
Nuestros cuerpos eran volcanes, nuestras lágrimas eran lava
y nuestra respiración, vapores a punto de agua ardiendo;
ella me quiso, yo también la quise y aún me observa
pero no puedo alcanzarla, ella vive en mis poemas, en mis letras;
ella pende del cosmos y todavía ilumina la penumbra
que me arrulla cuando los grillos tocan el lied de mis encierros.

jueves, 8 de agosto de 2013

Viaje


Subí a bordo en un éxodo sin regreso. Sin retorno 
y sucede que el tren se ha desaparecido;
no sé si estoy perdido en esta jungla del tiempo
o si tus vías férreas aún existen en mis zapatos.
Camino hoy sin sandalias, junto al vaho de la ventisca
-y sin equipaje-
se fue mi espíritu a la isla de los rumores. 
¿Acaso he vuelto al oficio de la soledad y a la del ermitaño?
Lo sé, sin duda las campánulas siguen ahí y yo a saber dónde.
En sí, ¿sabes que tus cartas las guardo en cada lágrima?
No sé, solamente que ya te volviste chiflado y yo converso contigo.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Oósfera

Artista / Pintor: László Gulyás (Budapest, Hungary)

Nada me impide deambular entre tantas flores,
nada, salvo la zarza que trastorna la mirada;
nada irrumpe en el pensamiento que poseo,
ni siquiera el esquema hermético de las tarántulas;
nada, absolutamente nada se lleva mi follaje.

Finjo vivir en su traspatio, en sus olivos, en su piel,
en su páramo donde germina el fruto no prohibido
y finjo que no voy a convertirme en su abono algún día.

Entre tanto digo:
Cada quien nace con espinas y se las quita como puede.
Pero la espina que llevo clavada al ras del pecho:
esa, sí, esa espina que suelta su polen y agita el pulso,
esa que sufre junto al pubis de su amado,
esa, sí, esa que poco a poco decae, mientras la levanto,
esa que ahora brota como alelí de la guerra y lucha.

En medio de los pezones que separan años de cansancio,
yo y mi abismo, razón por la cual me agito
y sobrevivo al cataclismo del cactus estridente.
He bebido de la copa del vicio, mientras cuento sus vellos,
¡ah, vellos sin escapulario, vellos sin manzanas ni serpientes,
vellos que atormentan mis números, vellos y soberbios labios!
Ahí en esa pintura: las cascadas de nuestros raudales,
sí, esos que nos muestran los cimientos de la naturaleza,
esa naturaleza tribal que nos transforma en lobos
cuando no hay Luna llena.

martes, 6 de agosto de 2013

Brizna


Siempre a juicio de la noche, espero el trasiego de lo incesante,
espero siempre la gota de cieno que inmola la garganta del pubis;
lo sé, al caminar entre zarzas y estiércol, la hojarasca sufre el celo,
y vos, en el suave traspatio donde las luciérnagas hacen tributos
y los cisnes baten sus alas y convierten tus besos en torbellinos.

En esa roca, donde el rocío se autoflagela, donde los gusanos se orinan,
donde vos y yo descansamos la ponzoña del orbe y nos enamoramos;
ahí, sí, ahí en esa piedra se nos convirtió la noche en vino
y nos la bebimos en un brindis donde las copas eran nuestras bocas. 

Aún recuerdo, la aurora nos llegó, la tapamos con la sábana
para que volviera la noche taciturna, y ella, ¡tan romántica como siempre!,
ya no era Luna de miel, sino una noche de miel donde lo eterno se promovía:
el canto de los pájaros que acariciaba nuestros oídos, era imprescindible
y ahuyentaba el silencio con sus óperas en solo, mientras vos adornabas mi regazo
para que no le quedara dudas al reloj, que llevamos atado a nuestro pecho.

Llego el amanecer y esta vez sí, estábamos conformes:
nos entregamos en cuerpo y alma, mientras jurábamos a la eternidad el amor nuestro.

lunes, 5 de agosto de 2013

Féretro


Entre tanto o tantos ataúdes bajo la esfinge:
mi alma que ha sido diluida en el cieno,
mis cigarros bajo una nube de estiércol,
mis entrañas que cuelgan de las jaurías
y mi cuerpo aún conversa con este mástil. 

Aquí en este mausoleo que no tiene clemencia
y tampoco un acogedor hotel de cinco estrellas:
nada más el tizne de los que purgan el cielo,
nada más acordes que tocan lo diáfano de los cipreses
y sólo el bufido de los árboles que demuestran sollozos.

Bajo este cielo falso de brumas y nieblas horadadas:
el sepulcro que guardo en cada uno de mis zapatos,
el polvo que guarda un miedo en sus pulmones,
el hedor que viaja a través del fuego fatuo
para poder llegar hasta la cumbre de las bóvedas terrestres
donde los vivos siguen bajo la locura del arcoíris amarillo.

Y en medio de toda esta angustia y desesperanza:
la profecía que irrumpe en los algoritmos del descanso,
la llama que no se apaga bajo esta lluvia ácida,
el Capitán que aún vigila la lumbre de mis ojos
y el taburete que me espera para hacer de nuestro dúo
una fuente de auroras donde la paz gobierne día y noche.

viernes, 2 de agosto de 2013

Edad


El segundo transita con sus rastrojos,
mientras yo ahí entre las papalotas 
y las mariposas nocturnas de la susceptibilidad.
Es tarde y el peñasco que llevo en la espalda
se convierte en mi vértebra poco a poco.
Por eso, cada vez que camino con los ojos
y mis manos atadas a la arena de antaño,
surge como gas el veneno de los periódicos
que sustraen de mis axilas nada más cenizas.

Solo, en esta silla que parece una ruleta sin aguja:
la menudencia de los tabancos electrónicos,
las entrañas del hospicio que acoge mis divanes
y la hora sin brújula que atrae a espectros sin alma.

Es de noche y la bocanada de hedor sale de mi garganta
para hacer de mis años, un baile de esqueletos sin epitafio.

jueves, 1 de agosto de 2013

Lied


Una vez más, camino entre cipreses y velámenes:
espero no encontrar hojarasca en mis zapatos
ni quiero que la cuerda diáfana de los espectros
se mutile ante la sonata obstaculizada de mis venas. 
En los andenes: se hace inhóspito el pubis de los faroles,
mientras yo y vos, en el trasiego que imita trenes muertos. 
Pero, ¿por qué nos atamos al mástil de la noche
y nos embarcamos en el susurro inconsciente de la navaja?
Acaso fingimos que el azogue y los aceros son de algodón
o nos aferramos a un sí eterno y evadimos el no del pero. 
Me duelen los calcañales, tal cual una daga insertada como hilo
en el mausoleo de los abismos que perturban la pupila noctámbula.

¡Me perdí y estaba perdido! Solo: 
pero encontré a la Soledad en medio de la nada...