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martes, 19 de septiembre de 2017

Llegada tardía


A veces uno aprieta el gozne de los espejos,
se zambulle la estrella en un vaso con pequeñas porciones de abismo;
heme aquí, entre luciérnagas y oscuras nadas golpeadas mediante el plenilunio.
Siempre es inevitable sufrir de vigilias y en un abrir y cerrar de ojos desaparece,
desaparece usted con ese rumor de páramos y hospitales encapuchados.
(El oráculo jinetea las linternas amputadas de los breñales.)
Aunque mis ojos no alcancen a ver la lejanía y el escalpelo de las imágenes;
aunque vos, posesa, desnuda, vacía como una tormenta en el desierto,
me llames a altas horas desde el patíbulo, jamás lograré llegar a tiempo.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Fábula sin nombre


A tientas, buscamos entre las sombras el diente cariado del ungüento,
brilla en la distancia el descolor intenso de las cloacas; en mis hombros un cisne,
el desagüe lleva y tritura mis espasmos aunque lluevan luces poco intransitables;
dudo si mi nombre se escabulle de mí cuando amanece, dudo del sol y su luz a oscuras,
dudo del hambre y sus itinerarios llenos de albahaca mezclada con saudades inefables.
Luego se nos impone un día más en el aliento, las lechuzas ya han hecho un nido imprevisto;
llevo ojeras pespuntadas cual sangre escogida de entre la hojarasca.
(Mi vida se obstruye y cae como un pétalo ante la deshora provocada por el tatuaje.)
La furia aumenta como aumenta mi delirio; sobre mí, cruza un grito hacia mis monólogos. 
Entre cruces y pantallas de plomo, mi alma se ha acostumbrado a la borrasca del naufragio.

viernes, 15 de septiembre de 2017

La tormenta


¿Quién será la que viene y nunca va?
¿Quién será la que llora sin llorar?
¿Quién será la que conoce las más altas montañas?
¿Quién será la que alegra el corazón de los anfibios?
¿De quién huye el polvo con tanto temor?
¿Quién es la que sube y vuelve a bajar?
¿Quién es la que limpia el mar cuando nadie está?
¿Quién es la que entera se entrega a los árboles de verdad?
¿A quién me refiero, me refiero sin titubear?

Estrategia del añil


La tierra ha cerrado su boca:
en silencio guarda los huesitos de asfixia, el pañuelo,
la imagen desnuda de una ciega ventisca que arrasa con la memoria.
Sé mucho de los relojes del páramo, roquedales, nubes de plomo,
sé de la verdad oculta en los tótems del vértigo. 
La turbulencia rellena mi garganta, casi no hay visibilidad para mis letargos,
el monólogo abre paso a una saudade halada por caballos y borrascas.
Hemos pasado la vida juntando lágrimas en un huacalito de granizo,
quizá seamos una especie de cocodrilos o veletas indecibles por no movernos.
La herrumbre surca los cielos y las trompetas nos dicen estúpidos a escupidas.
¿Quién dirá tu nombre cuando esto acabe? ¿Quién dirá qué eras y nunca fuiste?
Tu vida fue y seguirá siendo un sueño de claroscuros amarillos y elocuentes escarlatas.
Moriremos sin exhalar una sola sílaba de tu aliento, pues nunca conocimos tu nombre.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Tiempo inicuo


El viejo se alza sobre las montañas, 
la tierra se seca y el pájaro cae;
tañe el rocío al compás del sonido antiestético del páramo.
¿A qué navío sin entrañas nos devuelve la madrugada?
Temprano esclarece la sangre como dos candelabros heridos de muerte. 
Cada flor es un reloj que aún no marchita, cada perro es un crucero,
un mundo inexplorado e inhóspito ante el ojo de la hojarasca.
─¡Cada quien llueve a su manera! El viento ajetrea la hierba pegada a los autos,
en las aceras chisporrotea la indiferencia como cualquier género musical;
mas vos, arrancada de sí, inesperadamente te posaste sobre mis desdenes.