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martes, 31 de marzo de 2015

A piel de Luna

El hombre y la luna / Ben Goossens

Dicen que un día la Luna descendió a la Tierra,
tomó un puño de polvo y lo convirtió en rocío.
Dicen que le crecieron pies y los perdió a causa de lo inhóspito.
─¡Tan querida la Luna y tan odiada al mismo tiempo!
Dicen que conoció la bifurcación del vértigo entre los árboles,
al cortar un cabello de uno de ellos para curar su desfallecimiento.
Le parecía tan horrible la manera en que unos le quitaban la vida a otro,
le parecía tan cobarde la manera en que el Sol se ocultaba.
No oscurecía, ya estaba oscuro, el día planeaba su escape
y las calandrias revoloteaban como un murciélago ciego frente a sus labios.
Dicen que conoció a un hombre de grandes barbas y pestañas heladas.
Dicen que lo vistió de copos y cristales y un manto de almíbar;
que le concedió el don de escribir y agrandar aún más el asombro.
─La muerte, un cerco de púas y largas trenzas que enredan cualquier vitral.
Dicen que un día la Luna descendió a la Tierra
y no encontró ríos que pudieran rellenar... sus lacerados y perpetuos cráteres.

lunes, 30 de marzo de 2015

A mi abuela


Érase una vez, no hace mucho tiempo...
Una sonrisa tan frágil como un alhelí,
una sonrisa, la póstuma; mas no la del final,
la del horizonte que se va eclipsando;
quizá por presentimiento
o quizá por resentimiento hacia su propio linaje.
Esa sonrisa hoy se eleva
con la esperanza de ver todos sus vagones unidos
y no tan distantes como una estrella sin vida.
Esa sonrisa, con arrugas, pero tan llena de energías:
hoy navega hacia el olivo, en la búsqueda de su hijo "Ovidio".

Tanka


Por el cuchillo,
una gota de sangre
baja tan fría;
al igual que el exánime
que lleva la corriente.

Haikai


No es permitido
para las hojas
quedarse en los árboles.

viernes, 27 de marzo de 2015

Fórmula mágica


Tengo una tortuga
que le gusta leer
y poner sus huevecillos
bajo una caracola.

Ella cuenta que la Luna
en varias ocasiones
ha abierto su nido,
y ha vertido estrellas
en cada huevecillo.

¡Qué Luna más traviesa!
Dice mi tortuga.
No conoce el olvido,
ni las lágrimas del camino.

Ahora sucede que mis crías
ya no corren hacia el mar,
sino que se elevan en busca
del espacio sideral.

Hado


Cuando te hayan golpeado los mares del suicidio.
Cuando las estrellas abran agujeros en tus córneas de musgo.
Cuando los niños tatúen en tu espalda la extensión de su hambre.
Cuando los pájaros confundan tu voz con el soplo de los árboles.
Cuando la Luna dé a luz en el fondo del pozo y solloce la madrugada.
Cuando los páramos sepan a miel y a rocío el fresco vaho de Afrodita.
Cuando las flores griten al eco y el viento les devuelva sus palabras.
Bajo tierra estarás en una barca, con un gajo de efigies en tu lecho
y ya con la mirada presta al vacío, susurrarás orugas al sofoco,
para que te lleven lo más pronto posible... al mundo que abandonaste.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Voz de inocencia


(Hundida mi barca en tu concha de ámbar;
ya no puedo fingir ser niño, toda mi niñez
y mi primer jadeo germinó en arcanos.)
Bajo la palmera, aquel atardecer de verdes suspiros.
Vos, palpabas las cuerdas bucales de aquel violín del instante.
Despertábamos juntos en un mar de fosforescentes lágrimas,
juntábamos nuestras manos y el viento nunca regresó a ser el mismo.
Aprieta. Aprietan estas cadenas de sentimientos aún inexplorables,
aprieta tu mirada, tus almendras, las hojas lo musitan a gritos;
no tengo porque explicárselo a los grillos, ya que estuvieron presentes.
Aún recuerdo el vaivén de tus ramajes, el perfume de tus montañas,
las caricias que en copa me dabas a beber como vino incendiado;
ah esos momentos, en que no había temor que escudriñase el laberinto,
ni sangre estertórea en la boca de las piedras; solos, vos y yo,
en medio de un bosque de sombras, jugando a encontrarnos.

martes, 24 de marzo de 2015

Nudos


Mil laberintos sin respuesta en cada rostro de polvo.
(Postrados los violines.) Sobre el caudal del chagüite:
vos amarga, como el ámbar seminal de un dark horse,
como el zumbido de una hoja extraviada de su follaje,
como el vuelo de una piedra entre los pezones de una soga.
─Al fin se tornaron grises los ojos de aquel cuervo, hoy hilvana
y pespunta sombras sobre la piel de una página bajo nieve.
Uno de estos días le pondremos aparejo a lo inicuo
y domaremos la saliva del alambrado, la sed de las chimeneas.
Quizá os parezca un lupanar esta sucesión de fotografías sin rostro,
mas no hay otra manera de calmar el llanto de todos mis nahuales.
Sufren de hipertensión arterial las manecillas sin sangre del tiempo,
ya no se pueden escribir fábulas donde la tortuga gane la carrera
o escribir cuentos donde el leñador acabe con el lobo sanguinario.
Solo entre vos, piel carcomida por orugas, brújulas de exterminio.
─Tu sombrero, ya tiene agujeros del tamaño de una tromba abismal.

lunes, 23 de marzo de 2015

Palabras


Enterradas siempre entre algas. Piedras, voces de titanio.
Tengo al polvo y a la ceniza como compañeros de cuarto.
El viento contradice mi cabeza de pájaro. Estoy harto de este viaje.
Miento. Ni la noche es sirena para mis mares. ¿Alcanzas a escuchar?
─La paz no puede alcanzarse con los pies ni con miradas en espiral. 
El ancla no parece escuchar, ha dejado de caminar sobre el cansancio.
Hay tanto navío hundido en mis ojeras, tantas estrellas que hilvanar,
que ni siquiera sé cuánto podré resistir más. ─¿Podrás sobrevolar
o caerás derrotado entre las acequias del barranco de la sangre?
Sí, es la paradoja como un carruaje flotando encima de vahos y abanicos.
Vengo con el tiempo cosido a la suela de mis zapatos.
Vengo y no voy, vengo con una marejada de voces y granitos jubilados.
El fuego a menudo es un cobarde. Devora al cielo por la espalda
y convierte en cómplice a la ceniza que un día fue choza de luciérnagas.
Tal vez me veas partir, me veas partir al viento en mil pedazos;
pero si la faena es constante, asimismo lo son las pulverizaciones.

viernes, 20 de marzo de 2015

Descensión


De las copas del coyol
ha bajado un querubín;
en su cara carga muchas,
muchas edades de ilusión.

Tiene el alma hecha de lino
y su cuerpo lo dibujó un niño;
podrás preguntarme si era del cielo,
pero no me dijo nada del invierno.

De las copas del coyol
ha bajado un querubín,
para buscar entre la montaña
a su amiga Jade... "la iguana".

jueves, 19 de marzo de 2015

Repugnancia


Solo pienso en el papel higiénico de los espejos. (El del oasis.)
Pienso en el plomo que abunda en los ojos de las moscas.
Pienso en la escoria extenuada de los cipreses.
Solo pienso en el asco que han de sentir los intestinos de las piedras.
Quizá ni el llanto lave los pañuelos del vértigo, ni vos desnuda,
porque es tan cierto el frío que deshiela la piel de mis jardines.
¿Qué caballete puede sostener un paisaje relleno de podredumbre?
Se escucha eco, el de la luz y el instante ahogado en los desagües.
Podrás venir y gritarme en la boca cuanto quieras, tragar del péndulo,
pero tu garganta será corroída rápidamente por los espectros;
luego te darás cuenta de que las sombras en tu aliento, son más inmundas
y más amarillas que el estiércol de un cerdo sobre el arcoíris.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Paradoja del caníbal


Hubo un tiempo en que los mares eran tan verdes como el musgo
y los árboles eran tan purpúreos como el cuerpo de una aceituna.
Ahora amedrentan los páramos, el polvo, volátil lenguaje del entorno;
¿dónde guardarán su herida las caracolas; voz, dónde estarás?
Vomita la eterna hojarasca en los vagones atados al tranvía del cieno.
Frente a mí: lamentos, voces, gritos del duende perdido,
columpios del vértigo y el beso ritual de una nube que toca a mis pórticos.
He vuelto a escucharte, en neumáticos a punto de ser el alambique del día,
en los fósforos donde eyacula el fuego y la desgracia... te he contemplado.

martes, 17 de marzo de 2015

Defunción


(Aquí, se venden lágrimas subsidiadas.)
Gotea la indecisión frente a los papeles del engaño.
¿Dónde estarán aquellas espinas y navajas del bálsamo?
Para dónde hala el viento, hacia dónde su estertor y su plegaria.
Sobre el horizonte, los muros y los laúdes del silencio.
El arpa redobla sus gritos, hay estacas en cada arco iris;
mientras nosotros, en el sube y baja de los camellos del surrealismo.
Luego contamos las huellas de la infamia, los moscardones del aliento,
las mordidas que bajo el Sol, el superávit escrito por la inmundicia.
Solo el sofoco y la locura saben de la tortura de los pezones;
por lo demás, le dejo mis tumbas al moribundo. Al fin he muerto.

lunes, 16 de marzo de 2015

Dictamen


(Si es asible el estertor de los cementerios,
que alguien me lance un alambique.)
Es ironía el dedo manchado de las olas;
a elección, quedan el ixcanal y el colmillo de las tarántulas.
─Siempre nos es invisible el grito de la democracia.
Y eso no es todo, incluso quedan huellas en el pañuelo de la caza;
vos lo sabéis, mientras trazáis tu rostro en el espejo roto de la marisma.
(Ahora las cartografías sufren de migraña, mañana, serás vos y la Luna.)
¡Observadme! Derribo el eufemismo y el cuchillo del espantapájaros,
rodeo el espasmo tan insurrecto de los candiles, mas no huyo de los hechos;
el teatro, ya fue montado en la montura insomne de mis recuerdos.

Tanka


Mudo silencio,
se estiran las estrellas
como mi aliento;
estoy tan solitario,
que ni los grillos hablan.

Haikai


Difunto el pájaro
junto al agua escarlata.
Es de mañana.

viernes, 13 de marzo de 2015

Renacimiento

Pintura surrealista de Jeanne Newton Schoborg (USA)

La tarde cae
sobre mi cuarto
y en mi mano tengo
un caballo de cuarzo.

Espero el crepúsculo
para elevarme tanto
y cabalgar las nubes
en mi caballo de cuarzo.

¿Me creerás si te digo:
que mi caballo es mágico?
Pídele que te llevo lejos
y hará renacer tu tiempo.

jueves, 12 de marzo de 2015

Consumación del frío


(Bajo cielo fatuo, el sapo muestra su pecho sangriento al mundo.)
Quizá me he vuelto adicto al suplicio o al quirófano del viento;
vos, en medio de la calle de la ilusión, abierta a la morgue aplastante,
junto a las hojas fusiladas por la intemperie. Quiero verte de pie,
con una espada de fulgor y tempestad. Quiero verte en susurros,
con el grito en alto y tu cuerpo titilante de enteras alegrías. 
Ya no quiero detener vagones con el tragaluz, ni teñir aldabas con sahumerio,
ni contar los espectros que hacen crecer las estadísticas del insomnio.
─He hilvanado a tanto río descosido, he respirado del absurdo de las servilletas.
Siembro en cada nostalgia el frío, la orfandad, llantos que pronto se extinguirán.
Cada día el cielo escupe mi alma y los árboles atraviesan el inframundo total. 
Al final, supongo que tenemos que acostumbrarnos a morir rodeados de cáncanos;
mientras completamos la cita, que habíamos pospuesto por culpa de las cacofonías.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Enclaustramiento


Pese a las marquesinas que amarillean el estómago de los muelles:
sigo como pájaro dentro del sarcófago de la orfandad.
No hay tregua para el abanico del asco, ni para la jeringa
y las heridas y el sofoco del crepúsculo a oscuras.
¿Hasta dónde llegará la hojarasca en vendavales de suplicio?
¿Cuántos los horizontes que decretan un día en la tumba?
Mañana ya no seremos pájaros ni estrellas, sino un simple signo de polvo;
es necesario hilvanar caracolas en las sienes de la desidia,
es necesario agitar la córnea de las paredes. Por cierto,
nadie puede votar para que al cíclope le salga un segundo ojo,
ni para que los niños recuperen todas sus entrañas reventadas.
Salvo si la luz extingue a las libélulas, se levantará de su tumba... el paraíso.

martes, 10 de marzo de 2015

Laúd


El laúd, su voz de musgo y grito vegetal;
su nostalgia, es peor que el lamento de la luz.
La gloria no se ve, ni en el cielo los pájaros,
ni en la tierra las plumas; montañas tañen con el hígado áureo
y caminan como zombi entre páramos e inviernos sin verdad.
No hay piedad en un puñado de brizna sin aliento,
salvo en el eco austero de la hélice de las algas
o en la espalda y la estación donde no existe colofón.
Habrá que enlatar el verde de la efigie. Solo, solo el rumor,
oscuros gritos de escombros entre niebla y silencio;
agonizo, a la espera de respuestas del Navío,
como vos, como usted, dejémonos de cortesías absurdas.
─Hay que propinar un poco de dolor a las navajas.
Sé que al igual que yo, ya no soportáis la borrasca de los muros.
(Quiero verte nacer, para que veas la lumbrera desde otro sitio;
quiero emigrarte al vacío y rellenarte de arcas y vergeles.)
En silencio, mi espada brilla sin fulgor, se ha roto el invierno.

lunes, 9 de marzo de 2015

Desengaño


Amanecida la luz del alba como otro espectro en el aliento.
A tientas, los guijarros incendiados a plena lobreguez del día.
Siembro en los féretros marchitos del puerto insomne: 
el retrato hecho añicos, estante del manto interno de los caracoles;
incluso desojo la risa absurda de las horas, el eco adusto del espantapájaros.
Nada de esto es tan posible como vos entre el pretérito indefinido;
a veces asisto al entierro del viento, vestido de arlequín,
vestido del absurdo que en las olas hace burbujas de decepción,
mientras los albañales recogen el estiércol amarillo de la deshora.
Quizá retornemos siempre a los terrenos de la errata, al navío en tierra,
a las alas sempiternas de la vulva esculpida sobre el mercurio;
pero de algo si estamos seguros: aún no está definido el horizonte.

domingo, 8 de marzo de 2015

viernes, 6 de marzo de 2015

Hospital de las vocales


En camilla llevan a la "a",
que se fracturó la colita al saltar.
A la par de ella va la "E",
que es su hermana la Merced.
Muy rápido maneja la "I"
en zigzag por el carril.
Delante de ella va la "O"
en un automóvil de la INTERPOL.

Al llegar al hospital,
de emergencia atiende doctora "U";
luego da la orden de enyesar a la "a",
a los signos que enyesan con amabilidad.

jueves, 5 de marzo de 2015

Absurdo


Cómo explicar la puerta abierta de las venas. 
Cómo saber cuando la ceniza aletea en los periódicos.
No puedo entender lo fatuo de los gerundios, ni el adusto guiño,
ni las falsas imágenes de los metales; no puedo ver lo visible,
no puedo ver la herida infectada de los espejos. (¿Quieres verme?)
Me gustaría que entendieras la agonía, al animal que llevo dentro.
No quiero convertirme en presa del follaje. ¡Escúchame!
¿Acaso has perdido el sentido de lo ilógico? Hay bisagras en cada hoja,
lo demás existe en los viejos tiliches del viento. Ríete de mí,
ríete de todo lo que hacen los conejos mágicos con el alfabeto;
al paso de los cuervos, la antropofagia multicolor de los buitres,
los graderíos del fetichismo, oscura penitencia de lo inmóvil.
Me detengo a atisbar los ojos sombríos de la noche, no hay Luna,
ni hombre lobo que la haga de machista frente a la herrumbre;
te doy en este puñado de sombras, todo lo que soy, todo lo que tuve.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Rumor de paz


Siento tu anhelo, como una aguja en el pecho,
como un dardo en el entrecejo de la fosforescencia.
El invierno que tú conoces, es un irrespirable desierto,
un hospital donde se arrastran los umbrales de la herrumbre.
Entro en la gruta del sonido, se manifiestan los trapos de la muerte.
Sobre las tumbas que mastican a diario mis neuronas: vos, apagada,
tanto como el olvido y sus pómulos ebrios de absurdas leyendas.
(Siempre en la oscuridad, el bastón de las hormigas del insomnio.)
Tal vez nos castiguen por asir el resuello de los trenes
o por vender y comprar lágrimas en el mercado de la tortura;
es así como asediamos la injusticia encerrada en las paredes.
Pero, ¿nos pertenecerá el estertor que titila entre la niebla?
No hay destino en los pañuelos, a diario nos ahoga el camino,
a diario nos asfixia el tiempo y sus abrojos atascados.
─¿Habrá lugar para un esqueleto más sobre mi espalda?
En verdad os digo, no hay sueño que no tenga cerradura.

martes, 3 de marzo de 2015

Poesía

El gran masturbador de Salvador Dalí

Mientras respiro, la muerte roba el último soplo del invierno.
She is dangerous. El viaje comienza y aparece el espectro.
En estas calles de brújulas caprichosas e imágenes del equívoco:
el polvo con sus bolsillos rotos, y el cáncer, paisaje y telaraña sin enderezar;
ni la fragata se salva de las gangrenas. No está demás hablar de anémonas,
ni tampoco desdecir el grafito que pinta huellas sobre la sangre.
(Vos) vigiláis el vuelo del poro antes de estremecer sus cañaverales.
Ya te veo con un acordeón en este pozo de lamentos. ─No hay lágrimas.
Áridas las palabras, la inclemencia. Siempre quise un pañuelo mundial
y una caja donde meter todo el frío que viene agonizando en pedacitos.
Me duele, me duele el blues que se escucha tan descosido
y tan distante como tú. Por encima de todo, me niego a soltarte,
me niego porque besas mi fatiga y abrazas mis purpúreas digresiones.

lunes, 2 de marzo de 2015

Desde otro sitio


Nunca recibí cartas que no vinieran con una cruz sin aliento.
En el armario, aún guardo los sobres de la angustia
y las estampillas con el grabado de un buitre asiduo a la sangre.
(El silencio no lo es todo; pero su voz, es un cuchillo de lágrimas.)
Desde otro lugar, la isla donde juega al verdugo el estupor y sus cabellos;
allí, sin mediar palabra, el filo de la ceniza imaginando un día lluvioso.
Nos llueven navajas en todas direcciones, no es un circo, ni un teatro,
es el tranvía donde anida la paranoia; aquí, no se aceptan bufones.

Tanka


No existe abrigo
en este mundo ciego;
incluso aquí
en este bosque espeso
se lamentan los pájaros.

Haikai


Fétidas aguas.
Es inútil sentir
hoy la fragancia.