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viernes, 27 de febrero de 2015

Regalo


Me regalaron una gota de rocío.

Dentro de ella alguien jugaba
y se escondía entre la montaña.

¡Dime a qué juegas niña,
niña de etéreo andar musical!
Si no hay espacio en esta gota,
ni para que juegues a hilar;
dime, ¿qué haces bajo esa tierna hoja?
─¡Ssshhhh, silencio, que estoy escondida!
Por favor, no le cuente a nadie de mi familia,
porque ellos piensan que soy un barco a la deriva;
mas no se dan cuenta de que su hija,
incluso teniendo cáncer, sueña con ser igual que Frida.

jueves, 26 de febrero de 2015

Todo es horizonte


Abnegadas las palabras de polvo y jazmín. Aquí y ahora,
la danza árabe de la esperanza de vida sobre la morgue.
Ya no vemos ni el crepúsculo en las cucharas posesas del silencio;
todo es lejanía en las baldosas sucias de los faros. Vos sobre el muelle,
contando las heridas en tu rostro hecho añicos, dibujas la nada
y tocas el laúd de las olas, mientras pasa el eterno instante de lo fatuo.
Sigo en el camino cubierto por la saliva titilante de los pájaros,
si acaso es la bronquitis germinando en los andenes del tiempo
o las flores saliendo de su concha al despertar empapadas por el hambre.
Se escucha llover sobre las guitarras desafinadas del viento;
no sé  ni en qué poner mi soplo, ni a quién confiar mis desvaríos.
Todo es color sepia frente a la puerta invisible de las manzanas,
todo es tan paradójico, como un adolescente bajo el control del submundo.
Por cierto, ya no hay juegos que vislumbren el ánimo, todo es parte de la usanza.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Plegaria


(Más allá del protocolo, los golpes de pecho de los trenes.)
Sobre el muelle, la agonía vestida de novia junto a los tumbos.
¿Será necesario abrir una cuenta a nombre del patíbulo?
En este viaje, oscuro el esperma puesto en los calcetines,
oscuras las calles por donde transitan el llanto y sus metales.
Enseguida las luciérnagas titilan anunciando el coágulo de la penumbra.
Tristes las hojas, tristes los espejos, tristes los candelabros,
tristes las aceras, el taburete, triste el reloj que agoniza como decrépito
y las baldosas donde orinan los cuervos y fluyen las bacterias.
─La duda persiste en las estrellas, sus picos trazan el insomnio.
Maldita la hora en que las agujas marcaron por primera vez un día sin luz.
Acudo a vos, sin pedirte que te fíes de mí: el fuego ensucia la piel,
el polvo quema a tantas ventanas como le sea posible. Venid
y observad los millones de gritos que guardo en mi morral;
mirad, mirad dentro de la vulva de esa bellota con sostén roto
y recoged los pedacitos de plegaria que aún guarda como lágrimas.
Tal vez me bulimien o anorexien por cada letra aquí arrojada;
pero al final sé que toqué el fondo de un océano inhabitable.

martes, 24 de febrero de 2015

Mesa desnuda


Nunca fue así: los aullidos, los lobos en las cordales de la niebla, el polvo en la mejilla del aserrín que gotea tan lejos, tan lejos del horizonte; se sirve en la mesa, mientras en las aceras el frío sirve platos de orfandad. Te abres, te cierras, como el Sol entre la asfixia de las nubes. No hay caballitos que galopen con libertad entre las calles de la pesadilla, ni niños que ocupen el vacío prolongado de la nostalgia. Apretuja la anestesia de los relojes, socavan las lágrimas que vienen con sangre incluida. ¿Cuándo aprenderemos a despertarnos sin que la muerte pose desnuda frente a nosotros? La noche tiene largas heridas, oculta el resuello del follaje, el ir y venir del lavatorio, el ir y venir del tormento, el ir y venir del patíbulo, crepúsculo a media asta. Un día abriremos el umbral de las lechuzas y necesitaremos un par de camisas de fuerza para el asombro. Nunca negué mis huellas a las escaleras mecánicas de las caracolas, nunca fui niño, mas ahora lo soy más que nunca; entiendo el miedo inédito de los pájaros, entiendo a tus chiches cubiertas por el musgo del ocaso. Al final uno siempre le cambia pañales al tiempo ─o quizá más bien─ él nos los cambia de un puntapié, mientras pestañean las campanas del escalofrío entre las patas de nuestra consciencia.

lunes, 23 de febrero de 2015

Efervescencia


En algún lugar de ocaso invisible no muy lejano:
las olas con sus crestas de sangre bajo el azul del cielo,
caracolas con sus vientres repletos de moretones,
los sombreros cuadrados del raciocinio; vos ahí,
sin lugar a dudas entre el asombro de las sábanas.
Siempre se nos abre el paraguas de las interrogaciones
y decimos ─por si acaso─ que hay un nuevo color en los espejos.
Hay un petate bajo la tarde, claroscuro el día, los rastrojos,
el musgo se ha vuelto tan perenne como los grises de siempre;
de algún modo, hemos vuelto a mascar la hiedra del insomnio.
Mientras camino, mis zapatos se hunden en los pies desnudos de la luz;
(en penumbra, sucumbes, como si no hubiera otra forma de morir,
otra forma de pregonar silencio, otra forma de afirmar el frío de la ceniza.)
¿Cuántas lágrimas se han de sacrificar para que gane el horizonte?
Duele la lejanía, más cuando no se tiene una taza para beberse al Sol,
más cuando golondrinas, chiltotas y pijules, son una mezcla de mi extinción.

viernes, 20 de febrero de 2015

Dolor y risa


Bajo mi ropa
un alacrán dormía.
¡Les juro que no es mentira!

Bajo mi ropa
un alacrán dormía,
no me di cuenta
por sus ronquidos,
sino hasta que picó mi fondillo.

jueves, 19 de febrero de 2015

Sobresalto


Solamente en los sueños, los desvaríos fluyen en reversa,
la realidad se vuelve una espada en la piedra; hay arcoíris claroscuros,
me lo dijo una nube, después de haber estornudado sobre uno de ellos.
En un país de cenizas y trapos de zozobra, en un país sin bandera,
en un país donde la epidemia es la muerte y su infinito el sopor:
siempre hay diamantes colgados en el pescuezo del espejo,
hay una sombra donde cuaja la incertidumbre, donde pende el averno.
─La corrupción se ha vuelto tan mortal como un cuchillo en el aliento.
Quizá por eso lloras mi Eloísa, tus ojos, dos pozos llenos de asfixia;
tu vestido, sacado de una película de íncubos y súcubos,
invertido como el derecho a la vida, rasgado como el corazón de un niño
y teñido con lágrimas de cielo y tierra hasta el punto de la nostalgia.
(¿Habrá lugar para que nos sorprenda la muerte en nuestra silla decrépita?)
Ahora ni los sueños son herméticos, todo está fuera de trayectoria;
sin embargo sobre el Nilo, un gato lame mis sueños, besa mis sombras.

miércoles, 18 de febrero de 2015

martes, 17 de febrero de 2015

Binoculares


En las aldabas transgredidas del pan inhóspito de los portales:
la balanza que pesa las lágrimas como lo hace el pómulo con la sal;
ahí, a escondidas, el ala de aquel pájaro entre el cascarón de luz y leucemia.
Estamos tan locos como el primer día que gritamos tierra a la vista. 
Sobre la isla, los harapos y los andenes que transpiran las alzas del manicomio;
tan cierto es el tizne en la garganta anticuada de los vendavales. ─Indiferencia.
Indiferencia o no, vivimos en un mundo casi en pelotas, con cercos de acero
y viviendas hechas del cartón elaborado por las cloacas; heme aquí junto a ti,
calcinado mi pecho, empachado con tanta nota que viene sellada con broches de zarza.
Atrapo con la mano el crepúsculo, estoy harto de escribir tanto descenso;
jamás los ascensores sirvieron para mejorar las cárcavas que hoy nos aprietan.
Ya no quiero vestir a la noche de sangre e inciensos, prefiero mejor la plastilina
y sus poros tan clandestinos como los cráteres que adornan el lado oscuro de la Luna.
Ven a mí. Morded el barro que ahora pregonan las estrellas. Abrazadme
y mirad dentro del horizonte que llevo en las pupilas; así, es como sangra el infinito.

lunes, 16 de febrero de 2015

El poema y sus rostros


Desfigurado el silencio cuando nadie le oye.
A veces las piedras galopan entre gárgolas, llueve,
los cuervos hilvanan bolas de sombra en mis pulgares.
Haz de marcharte, como aquellos noviembres de crisantemos y lágrimas,
como aquellas veredas por donde la luz cantaba en las muchachas
y los pájaros bordaban con bejucos el atardecer hacia la alegría.
Haz de volver, cuando el alba toque a la puerta de los vergeles
y resucite a aquellos con hiedra en el entrecejo. (¡Ven y toma mi mano!)
─Hoy, la sangre fabrica canicas de amatista y las vende en el mercado negro.
Hasta dónde llegarán los trenes de la deshora, las perillas del mimetismo.
Estoy aburrido de ciertos panfletos y del agua purpúrea de ciertas ventanas;
luego pido la hora al ciego y me la da tan exacta, tan llena de pausas y lechuzas.
Veo a tu rostro flotando entre peces y cangrejos al ras de la furia:
¿qué puede hacer este pobre indigente, que pasa la vida en su sótano,
donde tiene un ábaco hecho de huesos y un alma hecha de vidrio?
─Tú dirás si vale la pena tener un rostro engrilletado a la asfixia
o no tenerlo, al final las gaviotas muerden el hierro y vos el horizonte.

domingo, 15 de febrero de 2015

viernes, 13 de febrero de 2015

Caballito de hule


Caballito de alas blancas,
blancas como la luz del alba;
déjame dormir en tu espalda
para que mi fiebre ya no arda
y despierte como una feliz alondra.

Caballito de alas blancas,
blancas como la luz del alba;
no me dejes soñar con bombardas,
ya que no quiero perder a mi mamita
y al jardín donde guardo todas tus cartas.

Caballito, caballito,
caballito de hule,
baja ya de esa nube
y haz lo que te pido;
caballito, caballito,
caballito de los sueños.

jueves, 12 de febrero de 2015

Lenguaje de la sal


Nunca falta el asedio de las tarántulas, ni los sacos amargos del solecismo,
ni las libélulas en sus retretes de porcelana y plata riéndose del frío.
¡Ah esos días en que encontramos embarrados a los luceros sobre el asfalto!
─Jamás he estado tan cerca de las piscuchas y de su desmemoria de fósil.
Me adentro, como polvo en el museo a escudriñar los libracos del naufragio;
ciegos, ciegas las alfombras donde una vez bailaron los trompos de la esperanza.
(Un día menos pensado, tendremos que cavarle una tumba a la Patria.)
De nuevo presiento al desvarío y sus ánforas recogiendo el follaje de la ceniza.
Es tan cierta la muerte mientras dormimos con los ojos abiertos sobre el cuaderno.
En medio del continente, la risa árida de las olas, allí, la hermenéutica del salvajismo;
me atacan tantos espectros, que ya cada uno tiene una parte de mí para sus lamentos.
─En este oficio, no está demás prestarle el pañuelo a la Luna.
Pronto... estaremos juntos para morir otra vez bajo las sábanas del fuego.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Black Days


En la quietud de las aguas: la Luna descansa sobre los malestares.
Hay días tan oscuros como un gato invisible bajo el telón de la noche.
Oscilo como péndulo, mientras las osamentas tocan su inflamada gaita de huesos.
(Nunca he creído en las ratas que pasan mordiendo la minifalda de los periódicos.)
─¿Acaso somos un país con círculos de herrumbre en las axilas?
Entre la multitud, quizá seamos ovejas despellejadas por la lluvia ácida de las cenizas;
más tarde, quizá seremos un palo de guarumo relleno con los despojos del suicidio.
A veces abordo el riel frío y las teclas de un viejo piano con sonidos de precipicio.
Extraño esas colas en las bibliotecas que ahora son extraños museos pintados de amarillo.
Extraño a los pájaros con su voz de soprano, extraño a las flores y sus galanterías.
Extraño al mundo donde nací, extraño a las naves de plástico de aquellos traviesos octubres,
la sonrisa de los árboles, extraño los minutos que eran oscuros a raíz de ciertos eclipses.
Y ahora, ¿en dónde sonarán los chinchines del alba? Ahoga esta necesidad de caminar,
después de ver a tanto espejo trenzando holocaustos; he visto a las piedras vomitar,
mientras la propaganda se propaga como epidemia entre las fauces del tiempo.

martes, 10 de febrero de 2015

Memorándum


Todo mi canto se compone de viudas negras.
Todos mis símbolos, un reguero de hormigas.
Aquí, hay un relámpago para cada tragadero,
una fosa para cada ojera que viaja a través de los vértigos.
No hay poema más sombrío, como el que se escribe bajo el velo de la noche.
Ya no soporto a esta ciudad donde se corren las cortinas del doble galope de las púas.
La noche es tan fría, como las palabras de un niño equidistante a los periódicos;
más allá de todos los galeones encallados en el pómulo de la ceniza
y de los trenes decrépitos que guardan todavía un poco de esperma,
existe una isla en donde descansan mis caballitos de madera:
ahí cantan las sirenas y vibra cada arruga de los cocoteros;
un día de estos nos tocará bebernos la ponzoña que nos rodea
y ni siquiera la linterna de los pezones, ni la erótica pelvis de la Luna,
podrán cortarnos los resuellos y los estertores de cada postrimería.

lunes, 9 de febrero de 2015

Puente hacia la nada


A menudo, construimos puentes con el brebaje del horizonte,
sacudimos el petate de las pestañas que clausuran el paisaje
y cortamos la breña del crepúsculo que crispa los verdes espejos.
Ya las nubes cargan sus tiliches hechos de plástico y plastilina;
si acaso cuando se acercan los pájaros al estanque secreto,
─si es que todavía queda uno─ y beben del néctar purulento de los escombros.
Siempre es necesario un poco de frío en las vigas del entrecejo.
Siempre es necesario un poco de polvo en los andamios de la lengua.
(¿Será necesaria la sangre en las aldabas inéditas del manto acuífero?)
Usted. Sabrá contar tañidos cuando llegue el momento, no lloriquee,
mejor ponga una hormiga de ixcanal en su herida o en su pupila;
entonces, confesará que lo que ha construido fue tan solo el comienzo de la nada.

sábado, 7 de febrero de 2015

viernes, 6 de febrero de 2015

El circo


A una aldea
el circo llegó,
trae en sus carretas
un bosque en flor.

A una aldea
el circo llegó,
lleno de mariposas
y alegrías para vos.

¿Quién es ese duende
que salió del carretón?
Trae zapatos grandes,
más grandes que él.

A una aldea
el circo llegó,
se lleva en las carretas
un bosque sin voz;
pues no encontró niño
que sonriera como el Sol.

jueves, 5 de febrero de 2015

Pese a los rieles


(Los pájaros se despojan de la sangre del crepúsculo.)
Un día será él el que se despoje de nosotros
y tendremos que buscar una manera para llegar
y entregar ─a modo de luz─ nuestro aliento poco inusual.
Entonces nuestro viaje habrá concluido, lo sabrán las persianas,
cuando se entreabran junto a los vagones traseros del horizonte.
Pronto, serán otros pájaros los que habiten sobre el alfabeto,
serán otras lágrimas las que laven todo el dolor fruncido en los tejados.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Entrega del olvido


Entrego la magia que me hizo sufrir en un ramo de cardos.
Entrego todo por cuanto lloré, entrego mis dudas, mi verdad.
Como vos, fluye la sombra tétrica de mis páramos. Embriaguez.
A tal punto que ya mis pies son un bastón carcomido por el moho.
No. No te acerques. ¿Escuchas el gong de cada fantasma que me espía?
Vete. No. Vete. Se vuelve denso el sótano que fue construido en mis pupilas.
Entre la niebla, el vaivén de la palabra haciendo del laberinto un canasto:
¿Habrá escapatoria de las redes que conspiran contra mis caracoles?
No hay calles ocultas para el averno. Tampoco para el silencio del muelle.
Disimuladamente mi garganta hace gárgaras con los güistes del viento.
Ya tendremos tiempo cuando crucemos el río, cuando nos dejes entrar a tu selva;
estoy desesperado, la ilusión late como perro inyectado con sombras bajo cero.
Trato de escapar del beso en la ceniza y de los temores del frío murmullo.
Comprendo que no quieras recibir a tanto sarcófago en un solo paquete,
mas te vuelvo a entregar mis mundologías con un toque de frenesí
y una pizca de blues en cada pluma concebida tras aquella puerta.
Al final, el tiempo dirá si merezco ser polvo o un simple y neutro arpón.

martes, 3 de febrero de 2015

Verde vértigo


Cuando el tiempo muerde su propia sombra.
Cuando los féretros gotean de las pestañas del precipicio.
Cuando las fotografías en blanco y negro destiñen su sonrisa
y pintan los alabastros de mermelada y sangre ancestral.
Cuando las colillas encienden la sed de los relámpagos.
Cuando el reloj marca la herida en punto.
Cuando las noches son devoradas
por otras criaturas incluso más sombrías:
se abre el telón y montamos ese teatro de luz, 
donde se revela el dolor, pero se disipa la angustia;
ahí, dentro de ese mundo, pregonamos sin esperar nada de la nada,
pespuntamos para bordar el frío, para otros impensable;
saltamos sin lugar a dudas hacia el abismo, lo hermético nos atrapa.
Pero ante todo sabemos, que cuando se trata de vómito,
a todos nos hiede igual el jugo gástrico del exorcismo.

lunes, 2 de febrero de 2015

Almácigo


A veces aprendemos del polvo a ser efigies,
colgamos del pezón de las begonias, brotamos sin Luna,
llevamos un fardo de estrellas sin luz sobre la espalda
y esperamos el argumento de la alborada; mas no somos árboles,
árboles donde cuelgan con sigilo espíritus de peces,
peces que llevan en sus ojos la vigilia del espejo,
espejo lleno de huellas, caracolas y alondras de ceniza.
Sobre las nubes, Aladino y sus lámparas arrugadas;
relampaguea el pujo en los andenes, la luz se muestra borracha
y las cloacas almacenan hojas arrancadas por el ayer del frío.
Más tarde, nos dirán que nuestras semillas germinaron en sombras,
sombras que quizá nadie descifre en sus viejos cuadernos. De pronto,
se abre el loto al son de mi bostezo, es hora de emerger
y de atrapar los insectos que sueñan con volverse negras libélulas.