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martes, 31 de diciembre de 2013

Open the door


Limpia la herrumbre de todo mi ser. 
(No divagues, toma mi fuerza y siembra jardines.)
Resulta difícil creer, cuánto necesito de vos:
déjame una rosa en el arcano de tus faldas,
para que en plena Luna llena yo pueda dibujar
un recuadro de muchos colores
y en él disponer de todo el calor emergente de mi piel.
(Hazlo, lo escrito no puede cambiar,
mas no puedo liberarte del sopor que inunda tus huesos.)
En esta noche: la brújula está loca, señala esqueletos
y dirige mi navío hasta la penumbra donde te enterré;
no cabe duda, tus besos sombríos me acorralan
y me llevan hasta la palma de tu pubis, abriré tus ventanas.
(¿Dónde estarán las hiedras que ayer mi fuerza hicieron morir?)
No penséis amor, el candelabro pronto arderá en frío
y nos obligará a estar fuera del círculo. 
─¡Para siempre!
Escuchasteis, nos queda poca aguja en el reloj,
el tiempo una vez más nos quiere separar
y sumirnos en el agujero del triste desierto.
(¡Ven, ayúdame mi dulce amor y abrázame una vez más!)
No puedo, he perdido la conexión y se ha cerrado el umbral.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Tambores


Suenan como espadas y hieren.
Al borde del dintel: banderas traspapeladas,
trozos de trigo hincados al ras del lodo.
(A través de mi pecho, la hiedra de tantas sábanas.)
Es duro vivir sin el petate de la armonía,
es duro ─sin duda─ caer en un río y amedrentar la podredumbre. 
Frente a mí, vos con tus cabellos de almanaque sin hojas,
hinchada hasta la médula, a la espera de alfileres para el vértigo.
Aquí, las cenizas se vuelven amarillas y la respiración un martirio;
el polen de las libélulas, entra con sus puchitos de güishtes
y perfora nuestra penumbra, inyección de máscaras y tinieblas. 
(¿A qué ancla se amarran nuestros arcanos, nuestras utopías;
acaso hay tregua para el silencio? Al fin de cuentas, el péndulo.)
─Ya no hay sartenes para los estertores, tampoco candelabros:
todos se han ido a dormir al ixcanal y despertaron
con una venda coagulada entre los dientes.
De norte a sur, los pilares de la angustia, garganta en plena ganzúa.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Loto negro


Gotas de semen rodean el cielo.
Escurre la abominación, solloza el olivo.
De la tierra brota la podredumbre, besa la oscuridad. 
La noche lleva el abanico de escombros al estío del gris
y el trigo se resquebraja, mientras huye el retorcido. 
(Las tinieblas juegan el papel de testigo, lo cual es inadmisible.)
En el traspatio del pubis: la sirena llora y lamenta su pérdida,
el arcano la protege, mientras el arca germina para el suplicio.
Este día los cuervos vuelan al ras de las pupilas, cogen el salitre
y lo beben como vino; inconscientemente su nido habían plasmado.
─Nuevamente, el resuello regurgita y desecha la vida.
Nos hemos vuelto sensibles al estertor de las semillas,
nos hemos vuelto arañas ─quizá─ pero sabemos cómo hilar realismo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Bulevares


Nos ata la pesadumbre a los tornasoles. 
─Hay vertientes de cemento y desagües de lombrices.
(Sin duda, alrededor de las flores: la niebla en ruedas.)
Escupe sin cesar el cielo, nos deja tramos de asfixia,
flagela el iris del espejo, mientras el estertor a los naipes juega. 
─No sé qué pasa contigo, pero sé que estás teñido del trasiego
y de los nubarrones a punto de convertirse en cipreses ecuestres. 
(De nuevo, el sinsabor de las ganzúas del jeroglífico.)
¿Qué rumbo tomarán las plumas, mientras el viento hiere
y el horizonte apuñala por la espalda a las colinas transitorias?
─Esto ya parece un hom-dai en la brújula del automatismo,
se navega en aguas peligrosas y se desembarca en arenas movedizas. 
(Ya las noches me parecen murciélagos y los días lobos hambrientos.)
Al fin de cuentas, la elección de un mandatario nos sirve de mantis
y sus lacayos para desenterrar momias y llevarlas a juicio.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Isla del eco


Navegamos hacia lo impredecible.
Buscamos en la nariz del horizonte, el sinfín de navíos
que en sus proas guardan el naufragio de muchos soles.
(Tirita en el tragaluz, el estertor de un Sol encabritado.)
La sed derriba andamios, mancha arcoíris con su tizne
y muestra los signos de un caballo sin alas ni taburetes.
En el traspatio: los despojos de las libélulas, vergeles
y surcos enterrados bajo la política de una nube sin cielo,
próxima a encontrarse con una ciudad de locos espectros.
(Palpita inesperada la muerte, nos apolilla desde adentro.)
Sólo nos queda, esperar el vendaval de las papalotas
y dormirnos con el polvillo de sus pétalos de obsidiana.

martes, 24 de diciembre de 2013

Estoy cansado de soñar


Estoy cansado, agotado de ver títeres de papel manchado.
Barquitos de papel con su barriguita llena estrellas. 
Cuadernos de coloreo y esfinges tatuadas de lodo. 
Estoy cansado, porque así lo quiere el fardo de mis huesos.
(Así te lo habrá dicho una nube,
luego se disipó mediante un plomazo.)
No, así me lo contó un cohete disfrazado de bala:
quiso que yo sintiera el dolor de una quemadura en el alma,
quiso que yo entendiera la angustia de un cartón sin alegría,
quiso que tú supieras la inexplicable borrachera de santa claus.
Después de todo, el río de vientos arrastra nuestras paranoias
y nos muestra la cara de la muerte en un puñado de polvo.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Encántame


Viejo arcano del bosque. 
Invoco tu espíritu violento, tus tiempos de remembranza. 
Hechiza el blues de mis días, logra llegar al confín de mis tormentos.
(¿Le hablas al viento o al diapasón de mi médula en decadencia?)
Le hablo al eco de tus melodías, le hablo al aire ulular de tu frío,
le hablo ─por si acaso─ para formar un momento de karma
y lograr descansar encima de tu cadera como un trébol más;
mas no serviré de forraje, sino de pañuelo para tu llanto.
Quiero servirte, más bien como escarabajo, razón de principios.
Hada juglar, haz de la polución un ánfora y encierra la herida,
hipnotiza al ciego, sacude con tu ira al cerdo, mientras reclamas lo tuyo.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Campesino


A mi amigo Carlos Córdova, con mucho aprecio

(Nos hacen creer que es un maleducado. 
Que llena su pichinga de mugre,
pero nosotros sabemos que de ella bebe agua de nacimiento.)

Él, es un cacaxtle tallado en oro,
un encéfalo criado por medio de humilde lodo y arcilla. 

Él, baja el Sol para platicar un poco, peina sus rayos,
mientras corta los bejucos que capturan la vida.

Camina con sus botas de hule y perfume,
chapoda al son del vaivén de los árboles
y guarda un minuto de silencio
para que el espantapájaros haga bien su faena.

Él, es el héroe de los campos, protege la siembra con su vida,
guarda la armonía de un querubín en cada grano del silo amatista.

Llega la hora del almuerzo y las gallinas ciegas le atisban,
las hormigas le sonríen, luego deja caer a propósito migajas de pan;
es todo un convivio con los rastrojos, las piedras le susurran
y los escarabajos hacen del estiércol algo maravilloso;
todo esto no es más que el labrador del sagrado alimento,
alimento que se venderá con precio injusto al miserable IVA.

jueves, 19 de diciembre de 2013

He descubierto que soy inútil


Este mundo es una utopía confusa.
¿Dónde habrá sentido para mi existencia?
¿Acaso estoy en un laberinto de rocas?
¿Qué es lo que debo ingerir
para saciar el páramo de mi espalda?
(La misantropía puede ser suprimida por la razón.)
─Quizá no lo sepas, pero los árboles aún viven para ti
y las flores no se quejan, entregan su belleza por una sonrisa.
En los arbustos: los conejos decapitados -¡caminan!-
y sin duda, saben lo que tienen que saber para vivir.
¿Seré capaz de vivir después de tanta paradoja?
Me he pasado toda mi vida vistiendo de hilo y encaje
a tantos arcanos, ensimismados, tal cual un espantanostalgia;
pero, ¿cuál es el motivo?, tal vez todo ha sido una ironía.
(¿Crees que es ironía?
No, todo esto es karma.
Los humanos pueden detener su propia destrucción
y si no lo hacen, otros lo harán, pero no estarán para admirar
todo el glorioso arcoíris que emanará del polvo.)

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Al viento que calla


No fui más que un crisantemo a punto de polvo,
asfixiante, no sé, un poco brutal con las espinas;
pero sé, que lloro con el suplicio en la garganta,
sufro sin elección y los caracoles saltan de mi ventana.
(¿Temes herirte? ¿Acaso hay diferencia entre una herida
y una lágrima?) No hay diferencia alguna sin duda;
sin embargo, el sistema impuesto pisa nuestras banquetas
y pone guijarros pintados de fantasía en nuestros niños.
Bajan como unicornios por encima de mi entrecejo:
las lágrimas crípticas de las flores marchitas,
el tallo cae en un coma profundo, nacen laberintos
y luego golpean con su ira al viento que calla.
De nuevo el hielo calcina mis vértebras, demuestra su cólera,
nos mueve de norte a sur con su ventisca en copa rota;
el Sol ahora se jacta de construir un nuevo averno en la tierra,
convence a los árboles para llevar a la horca a la humanidad;
mientras los niños, inconscientes, juguetean con las banderas
hechas del material podrido de los discursos de un ignorante.
─¿Por qué viajas a través de los vestigios del automatismo,
sabiendo que todo es inevitable, salvo el morir bajo el sofoco
y terminar por inflamar más la herida de una súplica?
Debido a mi suicidio, ruge el volcán que estaba dormido:
ya no hay vuelta atrás, ahora sus cenizas petrifican,
la tinta debió haber sido escuchada.

martes, 17 de diciembre de 2013

Desdibujado


Me he perdido en el granito de los trenes.
(Al fin de cuentas, el sudor del grafito se nota,
asfixia los poros del tabique, sangra a borbotones.
De nuevo la linterna con sus baterías de congoja,
de nuevo lo asible en los pezones de la locura,
palpita, como si tuviera algo que amamantar ahora;
caminan zarzas entre las fauces del río Cocitos,
mientras confabulan las lágrimas podridas del tiempo.
He aquí, la melancolía de Atena, vagón para aquellos
a los que les falta meterse doblados en Caja de Pandora.
Hemos sufrido por años: guerras, robos y hasta el cielo
se ha puesto en contacto con la herrumbre y ha perecido.
Sin duda, todos tenemos una aguja en nuestros párpados,
nos lleva al insomnio y a tantos vértigos que no mienten.)
Después de todo, hay que seguir creyendo:
que las plantas son verdes, que el cielo es azul
y que la sangre siempre se tornará oscura.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Balcón de la asfixia


Aquí, frente al grito atropellado de las hojas: 
tú y la colisión de llantas en la mandíbula del suelo,
tétricos añicos sobre la Troncal maldita
que a menudo siempre taladran más lágrimas. 
(Sin embargo, la lluvia trata de pasar desapercibida,
como si tratare de esconder su orgasmo de los hombres.)
─Te preparas para dormir, mientras yo me atrevo a besar
la boca de la muerte y riego las aceras de la tragedia. 
Sin duda, bajo ese próximo puñado de esqueletos centelleantes:
la impunidad en mercurio, traidor envuelto en nudo de corbata.
Esto no se olvida tan fácil como el vértigo inconcluso,
pronto habrá entierro en el ocaso del culpable, ¡seguro lo habrá!
Después de todo, las fiestas ahora se hacen en los sepelios,
la muerte ríe a cantaradas
y la vida solloza azotada por los grilletes de la injusticia.  

viernes, 13 de diciembre de 2013

The ancient city


Es difícil hablar del cielo. 
Hablar de aquello que una vez fue etéreo.
El viento ha dejado de respirar,
muere de asfixia junto al follaje. 
(Es relativo el silencio de las pencas, gritan.)
Encima de los vestigios del estómago pipil:
los harapos con estiaje en la garganta,
golondrinas sin pecho, alas de cobre;
sólo nos queda oír el llanto de Gaia,
sólo nos queda escribir el suplicio de los huesos
al ser profanados por el hombre sin nombre.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Ánfora


Desnuda la tierra, dientes con frío. 
Abunda la indiferencia en toda sierpe.
Abunda el estertor en la piel del niño. 
Abunda el vinagre en el Sol de los días.
A lo lejos el horizonte se pierde,
se aturde, guarda naufragios, despojos de ceniza. 
Odio el mensaje de las libélulas, odio sus alas.
Odio las tormentas que muerden el tejado de la nada. 
(Como vamos caminando, pronto moriremos de cáncer
y la gangrena hendirá sus dientes en nuestras fauces.)
¡Ah, como quisiera que regresara la ciudad antigua
y trajera consigo un puñado de curitas para la sequía!
En este tiempo sólo piscuchas sin alma alzaron el vuelo;
el plomo tomó ventaja, engrilletó el hilo al mástil
y dejó caer en el barranco la infancia inexistente.
Aquí en esta hamaca y dentro del alambique de porcelana:
las marejadas de fuego inundan mi último brebaje.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Eurídice


¿Me estáis hablando?
(Sí, desde lo más profundo de mi sueño eterno.)
Yo, sigo aquí entre blues homéricos,
se ha tornado una tortura
hasta el punto de tragar polvo por los oídos. 
A leguas se nota la línea perpendicular de la asfixia.
A leguas se nota la podredumbre y sus mandíbulas. 
A leguas se nota el llanto de Andrómeda y sus heridas. 

He perdido la noción del tiempo mientras dormías.
Espero estar parado en tierra cuando te encuentre.
Acudo a ti ahora, háblame y desgarra mi alma:
(Soy la simiente de las piedras, soy un espejo para ti;
mírate, escucha mi voz, seguro que te abrirás camino
y lograrás traspasar la dimensión de la arista del vértigo;
vuelve a dormir y adéntrate en el laberinto de mi universo
hasta enloquecer con tanta espada que llega sin aviso
a perforar el último soplo de vida de mi espectro.)
Escucho tan distante tu susurro, pareciere que agonizas.
¿Cuál es el momento más propicio para dormir?
¡Dime!
Cuando tienes en el pensamiento sólo cenizas, despojos
y un puñado de perros deambulando en círculos.
Ya no puedo más, abrázame, bésame y ¡mátame!;
estruja mi canícula, prometo no ver hacia atrás,
tocaré mi lira, mientras tu daga taladra en mi pecho.

martes, 10 de diciembre de 2013

Sacrifice

El sacrificio de un burro - Maykel Herrera

Resuena el tráfico de plomo
en una de las tantas campánulas de cobre:
a fuego lento se cocinan cadáveres,
se les echa cebolla de aderezo
y se les recubre con una cortina de niebla.
(Bajo el yelmo, el cerebelo teñido,
racimo de majoncho apolillado.)
Observa al bebé con navaja de plástico
y un tanque de andadera, es lógico
e inevitable que vuele en aves mecánicas
y luego bombardee su propio pueblo.
Con sus botas el arcano en puntillas:
pisa hormigas, escarabajos, pescadores 
y se alimenta del pubis que pulula sin cobijo.
(La bruma pronuncia tu nombre con un niño en brazos.
¡Ah, el abandono! Ese taloncito que en penurias enloquece,
se alimenta de los pedazos de luz de la Luna,
también enloquecida por los colirios de la escena.
─¿Escuchas el resuello espeluznante de la suavidad
cuando el cohete fantasmal explota en el vientre de una niña,
causándole muerte a su camino y martirio a sus padres?
(Es un suplicio vivir bajo el casquillo del burro cegado.)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mar adentro


(¿Me escuchas?)
Sin duda, a través del llanto de la espuma,
a través de las nubes con su sostén roto
y su palma tiznada por las polillas. 
De nuevo esta marejada de páramos,
convulsiona vértigos en las palmeras
y al ras de la sal, la sed del mundo
con su cacaxtle lleno de ceniza hasta el encéfalo. 
(Mientras te arrastro, te saco a flote.)
Escupo hacia el cielo, me asfixia mi propio espumarajo
y por encima de todo, la quietud te recubre de diamantes.
(La Luna cautiva mis pieles y causa vibraciones.)
En el traspatio de cada tumbo: las caracolas sin ropa,
los delfines con aquel sinfín de rumores,
mientras el Sol agoniza a borbotones,
ella se ahoga, después que la bitácora le golpea.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Sombras


(El estertor se mueve en las colillas.)
Ya comienza agonizante el cenicero
y muestra las varias caras de la muerte,
sin piedad las flores mueren en páramos
junto a los rastrojos de la zarza endemoniada. 
(Hay insomnios atrapados en nuestro traspatio.)
Quisiera volver a jugar en las arrugas del tiempo,
correr como un lunático por las calles, descalzo,
en la búsqueda de un arca para mis automatismos;
dentro de mí, hay piñatas y títeres rellenos de angustia, 
de nuevo los bejucos de la ergástula, atan mis zapatos
a los barrotes del reloj inmundo de los murciélagos. 
Aquí las hojas, se pegan a mi cuerpo, buscan refugio,
pero rápidamente la podredumbre se alimenta de ellas;
camino en estas veredas de la vigilia, escucho afonías
y mientras mis pasos ocasionan fisuras en el asfalto,
el Sol se masturba frente a la Luna, etiqueta inmolaciones. 
─Crees en el pálpito. Sin duda, ya que los árboles viven en mí
y yo vivo en ellos como ardilla mordiendo la nuez del calendario;
salvo en la noche cuando los fantasmas viven de mí
y yo no vivo de ellos, sino que sus ecos alcanzan mis páginas.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Otras ráfagas

La ráfaga del viento (Jean-François Millet)

De nuevo en este golpeteo confuso de centauros:
las campanitas cegadoras de las postrimerías,
los aullidos sin eco de los fetiches del pesebre.
Aquí frente a mí, árboles con bolitas de ceniza,
volcanes de esperma, dislocados por la irreflexión
de los trapiches que muelen el dinero como caña. 
Corren sin cuernos los unicornios hacia la pantalla,
para llenar la Bolsa de Valores del triángulo 
y quedar como huevo estrellado en la penuria.
(Siempre se busca lo mejor, 
pero es una utopía del tiempo en tacones.)
─Volvemos a caer en la pesadumbre de los retratos. 
Vuelvo a ver a mi diestra y cabellos con ventosas
deambulan sin ropa sobre el perol del asfalto. 
Encima del tejado: un venado me guiña el ojo,
un arcoíris que le rodea es arrebatado
y a través del techo, una gota juega de bajada.