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miércoles, 31 de diciembre de 2014

L'Heure Bleue (Hora azul)


(A veces los ríos presagian. Tiritan. Hablan. Resuena el exceso.)
Y en tus manos, se hace ceniza la afirmación junto a sus tiliches.
El hedor no es más que el vaho del fuego errante. 
Lo supe desde que las nubes dejaban caer sus agrietadas moléculas.
Lo supe desde que un colibrí decidió arrancar los bosques
y sembrarlos en lo más recóndito del odre indescifrable.
Todavía no sé si el calor es digital, ni si el frío es cosa de esclavitud.
Aún no sé si estoy formando parte de esta destrucción.
Aún no sé si mis interrogantes vienen de una botella enterrada en el aire.
Ni los muelles están a salvo del esperma. ─¿Habrá abrazo para nosotros?
Sin duda lo habrá cuando el polvo fluya por nuestras venas.
Sin duda lo habrá cuando el cielo haya reclamado nuestros poros.
Sin duda lo habrá cuando los pájaros nos lleven hacia su nido.

martes, 30 de diciembre de 2014

Alzar vuelo


Largarse al infinito de los candiles. Hurgar entre el polvo
y encontrar la espuma perdida en los átomos del sonambulismo.
Reencontrarse con las clavijas ausentes de la noche,
teñir las sienes con el añil lumínico de las luciérnagas,
recoger el follaje fresco de las praderas del nirvana
y guardar cada sonrisa en lo más profundo de lo inhabitable.
─Esto es sin duda una laguna, una tumba donde ya no cabemos todos.
Aquí los ecos se oyen como el alud de un guijarro entre los árboles
o como cuando un hueso es partido en triángulos por la asechanza.
De nadie es esta tierra, los gorgojos lo saben, susurran los búhos,
el frío se vuelve un manto en la nuca de las ebrias campánulas.
─Señoras y señores, éste se va volando, se va volando... se va muriendo.
Pero nadie pisa la arena, sin tan siquiera conocer la voz de sus caracolas.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Testimonio


Aquí hay demasiadas orugas comiendo del sollozo.
Hay piedras y alfileres en la garganta de las ventanas.
─Hay peñascos en el camino de los sueños.
Quién puede caminar sin pisar el charco de las desilusiones
o comer sin tragar del hollín envejecido de las telarañas. 
A veces niego que he nacido siendo un carpintero de sombras
o un pespuntador de vértigos en las jorobas de los camellos.
Al final no sé sin tendré la suficiente ceniza de evidencia
o las suficientes páginas para apagar las lágrimas de los páramos.
Solo me queda en las vértebras la risa irascible de los muertos
y en cada ojo la piel y los poros del muelle aquel impalpable.
Es tan cierto el vaho en los andenes y en las letrinas. 
Es tan real la manera en que las golondrinas tañen junto al viento.
Cada tabanco sofoca como péndulo de muerte,
cada ladrido de los precios es hirviente magma.
El tiempo tiñe persianas, las veletas no tienen horizonte;
la soledad ha descubierto el vacío en cada una de sus arrugas.

Tanka


Quiero pintarte
y untarte de rocío
mientras me besas;
como lo hace la lluvia
con la diáfana orquídea.

Haikai


El invierno no piensa,
se desbordan ríos:
ahí va mi sombrero.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Sencillez


Mi sombra se baña,
mide la ligereza del río
y cuando beben los pajarillos
toca sus plumas con sigilo.

¡Ah qué sombra más juguetona!
Corre como nadie por encima del río
y trenza los cabellos de la Luna,
mientras admira de cerca su brillo.

Mi sombra duerme por costumbre
en la punta de un árbol de suspiro,
donde hace idónea compañía
a los pajaritos de un nido envejecido.

Efímera niebla


(Es bien sabido que el humo es una daga en los meñiques.)
Ahora toca apretar el pañuelo para escurrir el llanto.
─Las lágrimas de la noche son apenas un episodio de reserva. 
Centellea el polvo en la epidermis, los guarumos tosen con asma,
¿qué seguirá después de que el hollín disperse las cenizas?
Es difícil afirmar que un difunto acuda a su cita sin flores.
De pronto, bebo de los grifos del viento. ─Aquí, sin pupilas.
De pronto, la marea es una sonata gris de un espejo roto.
A estas alturas de la noche, el papel estrangula los andenes,
arde el alma cuando es ametrallado el cielo, se desploman serafines
y las nubes absorben cada puchito del absurdo frente a mis ojos.
Después de todo, no se puede dormir cuando estornuda el silencio.

Rumores del esclavo


Solo los trenes saben cuándo dañar a las nubes.
Nada de esto es remoto. Quizá nos ahorque la duda
o nos lancen piedras por hacer de la noche un rito.
─Quizá en la barcaza guardes el estertor de los peces,
quizá nunca termines de conocer el mar, ese mar oscuro de las pupilas.
Siempre es necesario recoger la saliva de los pantanos,
siempre es inevitable sacar de la tómbola un día sin Sol,
siempre es extraña la extrañeza de las piscuchas.
¿Acaso el tiempo es un reloj de cuerda sin vergüenza?
Vemos hendido en el costado de las almendras, ese trozo de odre,
esa venda que sin duda fue una katana ante los ojos del heredero;
el opio aprieta pantalones en los muelles, qué hay para cenar,
salvo lluvia digital que moja los dedos gordos del recipiente
y caléndulas con el bulbo resquebrajado por el machismo.
Después de todo, las sombras tienen su Aladino
y la luz siempre tiene un barco fantasma para sorprendernos.

martes, 23 de diciembre de 2014

Día infeliz


Es de cínicos ponerle luciérnagas a los faroles.
Es de egoístas comer en familia
y no salir a las calles para sustentar el hambre de los andenes.
Es de idólatras derrochar el aguinaldo en fetiches
y ser indiferente ante el talón invisible de los charcos.
Es de necios colgar calcetines en la chimenea,
cuando en las calles hay pies tan fríos como la Antártida.
Es de hipócritas hablar de estreno, de una fantasía,
cuando en las noches el frío lamenta su hielo, golpea sin razón.
He visto tiritar los periódicos, he visto al viento, al vértigo puntual;
mientras hablamos, del tiempo brotan gangrenas, harapos, caras sin sangre.
(¿Qué puede hacer un solo pájaro contra millones de libélulas?)
Hoy la herrumbre sale de la palabra, de las bolas desgastadas;
que al fin de cuentas, son murciélagos que esconden en sus colmillos,
esa cultura desordenada en donde sufren los grillos del precipicio.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Negaciones del susurro


No vengas a mí cuando la oscuridad sea tan negra como tus actos,
ni cuando las cadenas estén dándote pócimas de suicidio.
No vengas a mí cuando el lodo sea el jugo gástrico en tus entrañas,
ni cuando los pájaros ya estén muertos y la jaula esté viva.
No vengas a mí cuando tus zapatos estén fabricando discursos.
No vengas a pedirme caléndulas para perturbar tu sepultura.
No entres a mi cuarto cuando estés a punto de herirte la sangre. 
No vengas a mi rancho cuando las termitas hayan consumido tu bolsillo.
No vengas. No vengas aquí con tus racimos de amarillismo en el esófago.
Mi aldaba está oxidada como la tierra, la esquizofrenia me asfixia.
He cancelado todas mis citas con el manicomio, a causa del extravío
y del destierro que descansa en las frías camas de lo deshabitado.

Tanka


Dice que es fría;
mas cuando llega el fénix
todo lo quema,
y esparce las cenizas
en su bosque de almíbar.

Haikai


Remuevo
pétalos de una flor,
sin pensar en nada.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Quimera


El Sol ha bajado para ser madrigal
y observar de cerca a las abejas
que recolectan la frescura del abedul.

Su sueño de ser caléndula es por fin verdad,
pero debe retornar al espacio sideral
para que las flores abran su corazón al despertar.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Negra mar


Hay en mi taza una marea tan momificada como el silencio.
Una máscara con sonrisa gris agónica en sus tumbos.
El pálpito nunca fue tan helado como un cuervo en el tejado.
Lo dijeron los postes de luz oscura mientras contaban lágrimas
y las depositaban en los bolsillos rotos del árbol de fuego.
─Hay en el humo un reguero de escalpelos color inicuo.
(Todo, tal si fuera un ancla, se hunde mientras respiro.)
Aunque no llegue hasta aquí la nieve, el frío lo fabrican los grillos,
la escarcha los andamios con un pie roto, se enluta el corazón del columpio.
Ya me veo como balcón en medio del huracán, hincado frente a la huida;
mas no frente a un druida encariñado con lo inmóvil de los fetiches.
Por si acaso, enciendo una vela en las fauces de la agonía
y otra por el sepelio a destiempo de aquel depósito ancestral.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Pérdida del Subsuelo


¿Cómo jadear cuando las ruinas lloran en alta mar?
¿Cómo sollozar cuando las caracolas beben de la sal?
¿Cómo aullar cuando los gatos ocultan en la mirada a tanta diadema?
Y paso largas horas preguntándome, preguntando a las fotografías.
(Hay tanto follaje sin otoño, tantas bellotas con sostenes de camisa.)
─¡Lo más probable es que los lobos cercenen a la pequeña cuando salga!
¿Dónde estará mi amor? Nada dice el cielo, hay humo en sus oídos.
Será cuestión de arena para que el bejuco bese su cuello, para que el polvo
y la jauría hagan su entrada triunfal entre los muelles de lo impoluto.
Al fin y al cabo, el bálsamo nunca tejió inmunidad en las ventanas,
pero alimentó con funestas astillas el ánfora de la vida.

martes, 16 de diciembre de 2014

Asechanza


Entre la zarza corro. Corre el viento como el tiempo.
Hay dudas enormes entre los pájaros, hay polvo,
hay moho en sus alcobas, guarumos ebrios de sangre.
─Dicen que suena el arpa, tiritan las quebradas.
Si no me creen, díganle al Arca que venga y se los diga.
Corro entre los cuervos, entre el sepulcro del silencio.
Me detengo, tomo un respiro, el enemigo pisa mis talones,
el corazón de los pastizales palpita a la velocidad del rayo
y el mío está agonizando como un pez fuera del agua.
¡Cuánta cripta, cuánto paraíso demolido por el abismo!
No hay necesidad de borrascas y calambres, las navajas carcajean
y mi cabello se ha vuelto a enredar en el laberinto del suplicio.
Ahora observo la soga, suda la rama del cedro
y empiezo a escalar el acantilado hacia el vacío:
el cierzo se ha detenido, así como la fotosíntesis,
el último acto de equilibrio está por resquebrajarse
y nunca está demás la extrañeza, la náusea del péndulo.
(¿Qué más puede hacer un mortal contra sí mismo?)
La horca no aprieta más fuerte como lo hace la sequía,
como lo hace el hambre, el escombro, la hojarasca,
la tiranía; al parecer, mi sombra se niega a morir como un monstruo.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Bajo la herrumbre


(No quiero ser como el agua que pega gritos de defunción.
Sueño con que algún día ya no sea efímera como los rumores.)
Yo, sueño con despellejar la ingle de los barrancos. 
Todavía estás despierta y tu piel dormida;
pero me falta oxígeno para respirar el resuello,
me falta un pecho para que aterrice la agonía
y solo tengo un pliego de papel patíbulo y un cofre de arrugas.
Al final, amor, sabemos cómo es el velo que nos mutila
y desde luego el punto débil; pongamos nuestra sangre en el odre,
pongamos lo único limpio que quizá nos quede, el espíritu.
Después, mezclémoslos en un pocillo de alquimia
y veamos si nuestra magia es un truco en blanco y negro
o una manera más de romper las cortinas de la ceniza.

Tanka


No me lo digas,
estás por despedirte:
dame una flor
y vete con el viento,
la sembraré en mi tumba.

Haikai


Llueve sobre mi espalda,
parece que estoy llorando.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Sueños en el rancho


Ahí parlotean los grillos
y beben del cántaro de las cigarras.
Aquí viven mis dos tíos
y nos llenan de alegría con sus guitarros.

Aunque el frío siempre nos ronda,
seguimos como pingüinos en el rancho
y nunca nos cansamos de visitarlo;
pero lo que nadie nos cree: es que el rancho
está dentro de un caracol gigante de mármol.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Sahumerio


Y pensar que en los ríos la transparencia se ha vuelto letrina.
¿Dónde estará la cordura y sus pedacitos de alba?
La capa de ozono no necesita de un corcho para su dolor.
Abro las cortinas para respirar viento puro, se filtra la podredumbre
y hace una fiesta junto a sus lacayos de estiércol en mis entrañas.
Siempre he querido lavar los harapos enmohecidos de mi Patria,
cantar el Himno Nacional con un unicornio en las manos
y nada de esto es posible. Las navajas están más fuertes que nunca,
los Bancos están por anunciar su proa llena de sierpes,
y en tu pubis amor, te dibujas las estampillas de la usanza.
(Un día de estos, abrirás una lata de soda con tu nombre
y encontrarás dentro de ella al sistema defecando como cerdo.)
Estoy como en aquel día, por suerte acorazado en los puntos cardinales,
como un alambique al convertir la escarcha en campanillas de gitana.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Desmemoria

Foto: Ferdinando Scianna

Después de todo no se puede detener la fuente de la locura.
Llevamos manchas en el aliento, barro en las costillas,
despojos en forma de travesías que llevan hacia el viejo olvido.
Somos la mugre de las calles, los tiliches de los astros,
somos un charco indigestado de dudas, una huella podrida para Gaia.
A veces amaestramos los perros de la noche, sacudimos el petate
y descaminamos el hálito de la muerte para después encontrarlo.
(Nada más puede ocurrir mientras contamos las gotas de los grises:
pero se entreabren los tragaluces, las estrellas alcanzan el manicomio;
como si no fueran suficientes las dagas de aquellos algorítmicos cipreses.)
─Los mayores fraudes se dan bajo el paraguas. Lo dicen los alhelíes,
después de tanta canícula esparcida como migajas entre las campánulas.
Cada crepúsculo pienso en los estuarios, en la garganta atiborrada de los andenes.
Nada de esto es lo cavilado, parece que olvidé todo lo relacionado al navío.

martes, 9 de diciembre de 2014

A través de la niebla


Alguien juega a ser féretro, traduce el idioma del frío 
y escucha con la piel el alarido de los páramos.
Nadie ríe mientras cabecea, lo saben sus grilletes
y el desnudo de la siempreviva a punto de consolarlo.
Alguien siembra luz en macetas de penumbra
y hace germinar el sexo indeleble del insomnio;
─nunca se vendieron a buen precio las pastillas del crimen.
Alguien teme a las anémonas, más no a sus antípodas,
es un caracol, un vaso lleno con el vacío de los escombros.
Siempre cree en el viento y en los puntos cardinales del follaje.
Alguien viste a las ventanas con linternas y símbolos,
despelleja navajas y sacude el polvo de las túnicas de lo invisible.
Nadie cree en él, salvo las campánulas y los retoños de azahar.
Al final, él sabe a qué sabe cada puchito de fango, cada púa en el olvido.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Cucharada


─Aquí, nos tapan los ojos con papel alcantarilla.
Desnudo lo inmutable, fatuo el camino repleto de esdrújulas
y vértigos agudos. Raspa la arena como viento de zarza.
Siempre desciendo al polvo espectral de los prontuarios,
a la lámpara ciega de las redes sociales; nada se encuentra,
salvo la estupidez hervida con tinta de espantapájaros.
(En las noches siempre las navajas hablan de lo sombrío,
tirita mi herida como los añicos del cuerpo bajo el alba.)
Quizá nunca cicatricen las llagas forjadas en el patíbulo,
mas no podemos darnos el lujo de caminar sin bordón,
ni de ocultar en el armario la ponzoña publicada por gorgojos.
─Lo azul cuelga de la rama del ciprés, donde los pámpanos, pirañas.
Mientras en el acantilado, vos palpitáis, junto al vaho rudo del tiempo.

Tanka


Ya no hay calor,
pero me queda el Sol
de tus caricias;
no hay nada que decir,
salvo que fuiste mía.

Haikai


Llueve sobre el pájaro,
parece estar sollozando.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Nubarrón


Las nubes cuando quieren ver feliz al bosque,
bajan y se convierten en traviesos conejos.
Mas cuando se cansan vuelven al cielo
y abrigan las estrellas entre sus cabellos.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Jaya


Hay escalones que nos llevan al disparate
y otros que nos llevan al patíbulo de nuestra desmemoria.
Sombras que no se lloran, pero que se escriben como lágrimas
y le dan forma al vértigo, a ese sótano de espadas y caballitos de hule.
Siempre veo a tu cuerpo entre la herida del mundo, a la espera del pájaro,
a la espera de ese calor absurdo que profesan todos los güistes.
Siempre es inútil contar las gotas del calendario, contar las noches en muletas;
si tú ya tienes la gangrena de los bosques, el arco resquebrajado de los elfos.
Tal vez se escuche ridículo, pero tengo ganas de curarte, tengo ganas,
tengo ganas de untarte pomada en la zozobra. ─El mar es un buen sanatorio.
De por sí ya tengo un botiquín, uno hecho con guijarros de Luna
y esterilizado con la sangre que fue ceniza póstuma para lo hermético.
Yaces, acostada en la camilla flotante de mis laberintos,
como para que no te encuentre el emporio y desgarre más la luz de tus cuerdas.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Varejón


Me es familiar este frío de mandíbulas sin cráneo.
¡Quiero dormir! Sin embargo los atavíos son de fango.
Las tuercas del sosiego están tan oxidadas como la Oración a la Bandera
y vosotros lo sabéis, puesto que cuando la invocáis sus ixcanales os besan.
Tal vez nunca tirite la piel de la Corte, ni nunca alcances a pagar una fianza,
pero hay que seguir insistiendo en suprimir las estadísticas de las libélulas.
─Las lágrimas se tornan vaho rojo gris purpúreo en nuestros anaqueles,
los muertos ya no caben en los coliseos y les ha dado por rasgar la sinestesia.
(¿Qué símbolo puede hermetizar el lamento azul del hijillo?)
Ya me veo junto a ti, en la ardua tarea de hacer caer los nidos de las libélulas;
mientras en nuestros ojos, zigzaguea la tan anhelada y castigada libertad.

martes, 2 de diciembre de 2014

Invisibilidad


Ya no queda nada. Salvo la plusvalía en los andenes,
la herrumbre en el esófago de los metales,
salvo el lied y el viento con sus heridas de extrañeza.
─Dejemos que se escuche el eco de los andamios,
la mirada volcada al insomnio, dejemos que la noche susurre.
(Hay días en que los espectros duermen en mis ojeras.)
Hay días oscuros, andrajos con lágrimas en el pómulo,
vasijas rellenas de ocasos sin ese confín de suplicios.
¿Habrá algún jarabe para aliviar el catarro de las paredes?
Siempre sabemos navegar en el viento, asir sus nubes estertóreas
y forjar de la sublimación las digresiones para bajar la temperatura.
¿Pero sabemos detener el crepúsculo y distinguir lo gris de sus lesiones?
Nada somos. Nada duele más que ser nada.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Incongruencia


Raras veces me detengo en los sucios trapos de los fetiches.
Para las gárgolas es muy fácil abrir la boca por conveniencia,
mas es difícil opinar de la niebla o del hollín malversado de sus camándulas.
Siempre se dice que hay necesidad de un incensario, de un huacal
o de un alambique para hacer el trabajo pútrido de los moluscos.
Un día menos pensado, se abrirán los portales de la justicia,
se abrirán los tragaluces hacia un horizonte de rocío;
y desde luego, ese día me besarás como Megan Fox
y dejarás de ser solo un desvarío en las páginas de mi automatismo.
Al fin y al cabo, tengo en mis pupilas el arcano de tus pezones
y pronto brillarás en el balcón, como aquella almendra de luz.

Tanka


Despinto el frío.
Entre el sopor del mar:
brota la espuma;
mas para ti sirena
no existen mis quimeras.

Haikai


Parece que voy a morir
junto a este jardín sin flores.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Dama de cristal


Si todavía tocas sus cabellos de porcelana.
Si aún comprendes el frío en sus cráteres.
Si todavía interpretas el silencio de sus palabras.
Si aún escuchas cuando palpita sobre las olas.
Si todavía atisbas los grillos que le cortejan.
Si aún conservas la luminiscencia de sus pupilas.
Si todavía duermes con la ventana entreabierta.
Si aún sabes de la existencia de sus lentejuelas.
Si todavía descifras lo que expresa su lado oscuro.
(Es porque incluso siendo niño, sabes apreciar
y guardar los rastros que deja su sensible destellar.)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Invitación al frío


Te das cuenta de que no quiero ser un velamen más en el cementerio.
Te das cuenta de que en mis ojeras el crepúsculo ya cavó su fosa.
Te das cuenta de que los cuervos tocan los metales y nadie los oye.
En mi costado, los vitrales aúllan como aquel vendaval sin suéter,
los murciélagos tiritan al igual que los labios, al igual que los huesos;
no es tan sencillo abandonar el claroscuro de los petates, lo sabes
e incluso así me invitas a ser parte del polvo, un pájaro invisible.
Desde aquí, he aprendido a contar estrellas, a atisbar lo gris de los serafines;
he aprendido, al fin de cuentas, a entretejer los cabellos de la Luna
y a calmar el catarro de los trenes, mientras me hundo junto al barro del estío.
(Siempre lleno mi diario con fechas sin niños, con alegorías sin moraleja.)
¿Qué me queda después de todo? Salvo los rastrojos de las fotografías
y la mirada de una brisa casi desapercibida, casi presa de mi locura.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Iniciación de la esfinge


Quizá nunca me acostumbre al discurso maloliente de los cuervos
o a los gatos sobre el tejado tratando de robarle un poro a la Luna.
¿De cuántas sepulturas está hecha la asfixia?
─Los grillos siempre hemos sido un costal de estertores.
(La vida está llena de defunciones y de funciones con disfraz de tizne.)
¿De cuántos racimos de angustia está hecha la niebla?
Esto surgió desde que me tragué la primer grajea de sombras.
¿Habrá necesidad de pedir paz a los ixcanales, de desvivirse para vivir
o de calcinarse en las noches para provocar lastima a los moscardones?
Tal vez algún día aprenda a descaminar los rieles grises del crepúsculo
y a dibujar como lo hacen las nubes en sus noches de insomnio;
siempre he dicho que los pájaros son solo el espejismo de un verso
o que la luz de una linterna es la respuesta a tantos pezones desdibujados.
En cuanto a vosotros, os llevo como hijillo en mi bolsillo a todas partes,
hasta que el Arca venga y se lleve todos mis tiliches marcados con sangre.

martes, 25 de noviembre de 2014

Incandescencia


A ese bosque de sonrisas de almíbar, de orquídea sonámbula,
bajo como un torbellino de fuego, como un pescador de tormentas;
el éxtasis tiene sus propios mausoleos. Cada poro tiene su muelle,
su faro, un auditorio en donde los grillos disfrutan del zigzagueo
y con la lengua recogen la sal dulce del sótano etéreo y póstumo.
Para muchos es un pantano de escorpiones, un viaje abrupto,
una arista en donde se une el enjambre, una simple ventana sin cortinas.
Tal vez no te des cuenta, pero en cada contacto, el vaho de mis paranoias,
el ir y venir de las olas casi sublimes. Todo acto de apetito se sacia en el césped.
Lancemos las páginas al viento y dejemos que el prurito hable por nosotros.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Trasiego


Todos, aquí, en este país, alambique de zozobra.
Junto a las begonias del suspiro, el juego del caos y sus marionetas.
Junto a tu corazón abierto al cuchillo, las murmuraciones inicuas, 
los espejos parlantes del consumismo, discurso salado de los buitres.
Los andenes tienen miedo, las bolsas negras están aburridas de ocultar tanta fetidez;
hay tabiques marcados por la indiferencia, hay besos temblorosos bajo las sábanas.
(¿Acaso tenéis miedo al viento, acaso tenéis miedo al abismo de las libélulas?)
Ya he sentido los tentáculos de las moscas, la plusvalía y sus latigazos de colirio;
hoy me resta viajar en el ferrocarril del infinito y perforar las llantas del sistema.
Algún día habrá necesidad de payasos, mas éstos no estarán fétidos por dentro;
ya estoy aburrido de las carcajadas de las escaleras y de las corbatas de las termitas.
Al final le dejo la cruz de metal, a aquellos que nacen con los huacales llenos de riña,
a esos que traen en su cacaxtle distintas formas de expresar sus dolores de parto.

Tanka


Vos preguntáis:
¿Crees en la alegría?
Grita el mutismo;
mas ella no despierta,
se disuelve en el pozo.

Haikai


Es inevitable,
tras cada hoja que piso:
me hago viejo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Gratitud


Si te levantas temprano:
oirás al viento en su canto,
y al bostezar sentirás lo tibio
que las plantas ofrecen como rocío.

Junto al Sol arrullarás la alborada
y te darás cuenta de tantas maravillas
atadas a una ópera de estrellas 
dirigidas por el amor y la armonía.

(Y sabrás que los pájaros naranjas
que cantan en las ramitas del marañón,
se dejan escuchar por una razón
y es porque le dan gracias al Creador.)

jueves, 20 de noviembre de 2014

Extravío de la sal


Y sin embargo el cierzo perfora hasta el hueso más rígido.
La saliva se abre paso entre los poros del talpetate.
Siempre he querido manifestar mi odio por los albañales,
triturar las pancartas oblicuas de la indiferencia
y besar el andén en donde los muertos hacen del prurito
la sábana para cobijar el llanto pétreo de los andrajos.
─Hoy quiero entregar mi fosforescencia a los pañuelos del tiempo.
Debemos estar conscientes de la ceniza, de los pájaros apolillados,
de las piedras del incienso que vigilan como buitres el desconsuelo.
Al final uno no sabe si escribe el final o si muere al principio;
vos dirás después de todo, que el asombro es cosa de prostitutas
y que en el lupanar más cercano queda la Cámara de las libélulas.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Chiriviscos


Siempre es inevitable escuchar el eco líquido de las ventanas.
Todos sufrimos, las muletas ya son usadas hasta por los montículos;
si acaso quebramos las ramitas del horizonte, deliramos
y sacamos como mendigo el mendrugo de nuestro sombrero.
Odiamos la saliva hipócrita de las bufandas, maldecimos los desagües,
dejamos ir la ergástula en el acantilado más cercano al lavatorio.
No sé si vos aún extrañas aquellas calcomanías del crepúsculo,
aquella claridad en donde los pájaros hacían de la luz un nido.
Tal vez ya se hayan terminado las palabras, los fardos de simbolismo;
mas vos y yo, amor, sabemos que todavía hay un fulgor en el subsuelo,
un petardo de insomnio, un árbol sin raíces y nuestros estertores
a punto de rocío desgastado por el tiempo.
En cuanto a los trenes, todavía viajo en el vagón olvidado del aislamiento,
mientras la sangre, sigue cayendo en las calles polvosas de la angustia.

martes, 18 de noviembre de 2014

Necromaniquí


De algún modo recogemos despojos de las sombras.
─Hay ruecas, estertores, trasiegos que el alma enconan.
Enormes aceras en donde cada mendigo esparce sus esposas.
Enormes claustros con rótulos de aviso de no entrar, perros bravos.
Heme aquí en la gruta de las brasas, con mis bolsillos llenos de tinta;
y en esta valija, las pruebas de que el asfalto es cosa de sepulcros.
Estoy tan arrugado como siempre, bruñidos mis ojos,
como ese horizonte equidistante a los suburbios, a tus muslos;
mas todavía no logro descifrar las alegorías, los candelabros,
los muñecos que sin duda alguna son la túnica del silencio.
Habrá que llamar a Aquiles o a Perseo, siempre y cuando estén,
siempre y cuando la plusvalía no les haya embargado el heroísmo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Repertorio de ultratumba


Más allá del hijillo, el espejo de papel del teatro;
en la cara casi sonámbula del crepúsculo:
el eco de la incandescencia en desuso,
los pormenores de los güistes, las hamacas,
los sombreros, paraguas bastión de la angustia. 
¿Acaso mencioné que las tumbas están llenas de púas
y de tarimas repletas de burla y desprolijos espermas?
(Quizá no lo sepas, pero aquí, se ha perdido la luminiscencia.)
Hay niños caminando entre lémures, fábulas sin destello,
leyendas convertidas en gárgolas; luego nos dicen buen día
y no se dan cuenta del despilfarro en las alcantarillas; por si acaso,
guardo las fotografías, los gritos, en este candelabro sin mecha.

viernes, 14 de noviembre de 2014

En voz alta


Canta,
aunque las piedras no aplaudan;
canta,
para que despierte el alba
al oír vibrar tu alma.

Canta,
aunque el árbol esté viejo;
canta,
para rellenar las arrugas,
para labrar un nuevo comienzo
y abrir el camino 
antes de que se acaben los elementos.

Canta,
mi pajarillo, canta,
para que la Tierra
se vuelva un concierto de lavandas.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Murmuraciones


Cuando la puerta se cierra, se abren las rejillas del crepúsculo.
(Decime vos, ¿habrá puente de metal que no converse con polillas?)
─El cielo gime, moja y quema el alma de los árboles póstumos.
Vos y yo, engrilletados a la culpa y a las arenas paradójicas de la esfinge.
A pesar de todo, seguimos siendo pastores del caos,
pastores del viento, monjes con corazón de góndola,
alborada marcada con X y algoritmos. En cuanto a ti,
sigues siendo el imbécil de siempre, ya que todavía murmuras...

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Albañal


Abro las persianas y respiro del agrio filtro de la suciedad.
Quizá no tenga túnel la lobreguez, pero tiene laberintos.
Entre luciérnagas y despojos, la primera piedra y la advertencia.
Entre las fauces y las letrinas, los escarabajos y los cuervos.
¿Habrá alguna mortaja limpia en el vertedero del caos?
(Supongo que ya no hay rótulos ni trapos para la angustia,
ni fuego que arda en frío diáfano durante el descaro.)
A propósito, ¿tendrá mente propia el andamio de la inconciencia?
Solo nos queda, apoyarnos en la dialéctica del asombro,
regurgitar la melancolía que nos carcome hasta el tuétano
y visitar de vez en cuando el pubis vacío de la Luna.
Al final vos me dirás, si es de sensatos volver a nacer.