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viernes, 28 de noviembre de 2014

Dama de cristal


Si todavía tocas sus cabellos de porcelana.
Si aún comprendes el frío en sus cráteres.
Si todavía interpretas el silencio de sus palabras.
Si aún escuchas cuando palpita sobre las olas.
Si todavía atisbas los grillos que le cortejan.
Si aún conservas la luminiscencia de sus pupilas.
Si todavía duermes con la ventana entreabierta.
Si aún sabes de la existencia de sus lentejuelas.
Si todavía descifras lo que expresa su lado oscuro.
(Es porque incluso siendo niño, sabes apreciar
y guardar los rastros que deja su sensible destellar.)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Invitación al frío


Te das cuenta de que no quiero ser un velamen más en el cementerio.
Te das cuenta de que en mis ojeras el crepúsculo ya cavó su fosa.
Te das cuenta de que los cuervos tocan los metales y nadie los oye.
En mi costado, los vitrales aúllan como aquel vendaval sin suéter,
los murciélagos tiritan al igual que los labios, al igual que los huesos;
no es tan sencillo abandonar el claroscuro de los petates, lo sabes
e incluso así me invitas a ser parte del polvo, un pájaro invisible.
Desde aquí, he aprendido a contar estrellas, a atisbar lo gris de los serafines;
he aprendido, al fin de cuentas, a entretejer los cabellos de la Luna
y a calmar el catarro de los trenes, mientras me hundo junto al barro del estío.
(Siempre lleno mi diario con fechas sin niños, con alegorías sin moraleja.)
¿Qué me queda después de todo? Salvo los rastrojos de las fotografías
y la mirada de una brisa casi desapercibida, casi presa de mi locura.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Iniciación de la esfinge


Quizá nunca me acostumbre al discurso maloliente de los cuervos
o a los gatos sobre el tejado tratando de robarle un poro a la Luna.
¿De cuántas sepulturas está hecha la asfixia?
─Los grillos siempre hemos sido un costal de estertores.
(La vida está llena de defunciones y de funciones con disfraz de tizne.)
¿De cuántos racimos de angustia está hecha la niebla?
Esto surgió desde que me tragué la primer grajea de sombras.
¿Habrá necesidad de pedir paz a los ixcanales, de desvivirse para vivir
o de calcinarse en las noches para provocar lastima a los moscardones?
Tal vez algún día aprenda a descaminar los rieles grises del crepúsculo
y a dibujar como lo hacen las nubes en sus noches de insomnio;
siempre he dicho que los pájaros son solo el espejismo de un verso
o que la luz de una linterna es la respuesta a tantos pezones desdibujados.
En cuanto a vosotros, os llevo como hijillo en mi bolsillo a todas partes,
hasta que el Arca venga y se lleve todos mis tiliches marcados con sangre.

martes, 25 de noviembre de 2014

Incandescencia


A ese bosque de sonrisas de almíbar, de orquídea sonámbula,
bajo como un torbellino de fuego, como un pescador de tormentas;
el éxtasis tiene sus propios mausoleos. Cada poro tiene su muelle,
su faro, un auditorio en donde los grillos disfrutan del zigzagueo
y con la lengua recogen la sal dulce del sótano etéreo y póstumo.
Para muchos es un pantano de escorpiones, un viaje abrupto,
una arista en donde se une el enjambre, una simple ventana sin cortinas.
Tal vez no te des cuenta, pero en cada contacto, el vaho de mis paranoias,
el ir y venir de las olas casi sublimes. Todo acto de apetito se sacia en el césped.
Lancemos las páginas al viento y dejemos que el prurito hable por nosotros.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Trasiego


Todos, aquí, en este país, alambique de zozobra.
Junto a las begonias del suspiro, el juego del caos y sus marionetas.
Junto a tu corazón abierto al cuchillo, las murmuraciones inicuas, 
los espejos parlantes del consumismo, discurso salado de los buitres.
Los andenes tienen miedo, las bolsas negras están aburridas de ocultar tanta fetidez;
hay tabiques marcados por la indiferencia, hay besos temblorosos bajo las sábanas.
(¿Acaso tenéis miedo al viento, acaso tenéis miedo al abismo de las libélulas?)
Ya he sentido los tentáculos de las moscas, la plusvalía y sus latigazos de colirio;
hoy me resta viajar en el ferrocarril del infinito y perforar las llantas del sistema.
Algún día habrá necesidad de payasos, mas éstos no estarán fétidos por dentro;
ya estoy aburrido de las carcajadas de las escaleras y de las corbatas de las termitas.
Al final le dejo la cruz de metal, a aquellos que nacen con los huacales llenos de riña,
a esos que traen en su cacaxtle distintas formas de expresar sus dolores de parto.

Tanka


Vos preguntáis:
¿Crees en la alegría?
Grita el mutismo;
mas ella no despierta,
se disuelve en el pozo.

Haikai


Es inevitable,
tras cada hoja que piso:
me hago viejo.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Gratitud


Si te levantas temprano:
oirás al viento en su canto,
y al bostezar sentirás lo tibio
que las plantas ofrecen como rocío.

Junto al Sol arrullarás la alborada
y te darás cuenta de tantas maravillas
atadas a una ópera de estrellas 
dirigidas por el amor y la armonía.

(Y sabrás que los pájaros naranjas
que cantan en las ramitas del marañón,
se dejan escuchar por una razón
y es porque le dan gracias al Creador.)

jueves, 20 de noviembre de 2014

Extravío de la sal


Y sin embargo el cierzo perfora hasta el hueso más rígido.
La saliva se abre paso entre los poros del talpetate.
Siempre he querido manifestar mi odio por los albañales,
triturar las pancartas oblicuas de la indiferencia
y besar el andén en donde los muertos hacen del prurito
la sábana para cobijar el llanto pétreo de los andrajos.
─Hoy quiero entregar mi fosforescencia a los pañuelos del tiempo.
Debemos estar conscientes de la ceniza, de los pájaros apolillados,
de las piedras del incienso que vigilan como buitres el desconsuelo.
Al final uno no sabe si escribe el final o si muere al principio;
vos dirás después de todo, que el asombro es cosa de prostitutas
y que en el lupanar más cercano queda la Cámara de las libélulas.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Chiriviscos


Siempre es inevitable escuchar el eco líquido de las ventanas.
Todos sufrimos, las muletas ya son usadas hasta por los montículos;
si acaso quebramos las ramitas del horizonte, deliramos
y sacamos como mendigo el mendrugo de nuestro sombrero.
Odiamos la saliva hipócrita de las bufandas, maldecimos los desagües,
dejamos ir la ergástula en el acantilado más cercano al lavatorio.
No sé si vos aún extrañas aquellas calcomanías del crepúsculo,
aquella claridad en donde los pájaros hacían de la luz un nido.
Tal vez ya se hayan terminado las palabras, los fardos de simbolismo;
mas vos y yo, amor, sabemos que todavía hay un fulgor en el subsuelo,
un petardo de insomnio, un árbol sin raíces y nuestros estertores
a punto de rocío desgastado por el tiempo.
En cuanto a los trenes, todavía viajo en el vagón olvidado del aislamiento,
mientras la sangre, sigue cayendo en las calles polvosas de la angustia.

martes, 18 de noviembre de 2014

Necromaniquí


De algún modo recogemos despojos de las sombras.
─Hay ruecas, estertores, trasiegos que el alma enconan.
Enormes aceras en donde cada mendigo esparce sus esposas.
Enormes claustros con rótulos de aviso de no entrar, perros bravos.
Heme aquí en la gruta de las brasas, con mis bolsillos llenos de tinta;
y en esta valija, las pruebas de que el asfalto es cosa de sepulcros.
Estoy tan arrugado como siempre, bruñidos mis ojos,
como ese horizonte equidistante a los suburbios, a tus muslos;
mas todavía no logro descifrar las alegorías, los candelabros,
los muñecos que sin duda alguna son la túnica del silencio.
Habrá que llamar a Aquiles o a Perseo, siempre y cuando estén,
siempre y cuando la plusvalía no les haya embargado el heroísmo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Repertorio de ultratumba


Más allá del hijillo, el espejo de papel del teatro;
en la cara casi sonámbula del crepúsculo:
el eco de la incandescencia en desuso,
los pormenores de los güistes, las hamacas,
los sombreros, paraguas bastión de la angustia. 
¿Acaso mencioné que las tumbas están llenas de púas
y de tarimas repletas de burla y desprolijos espermas?
(Quizá no lo sepas, pero aquí, se ha perdido la luminiscencia.)
Hay niños caminando entre lémures, fábulas sin destello,
leyendas convertidas en gárgolas; luego nos dicen buen día
y no se dan cuenta del despilfarro en las alcantarillas; por si acaso,
guardo las fotografías, los gritos, en este candelabro sin mecha.

viernes, 14 de noviembre de 2014

En voz alta


Canta,
aunque las piedras no aplaudan;
canta,
para que despierte el alba
al oír vibrar tu alma.

Canta,
aunque el árbol esté viejo;
canta,
para rellenar las arrugas,
para labrar un nuevo comienzo
y abrir el camino 
antes de que se acaben los elementos.

Canta,
mi pajarillo, canta,
para que la Tierra
se vuelva un concierto de lavandas.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Murmuraciones


Cuando la puerta se cierra, se abren las rejillas del crepúsculo.
(Decime vos, ¿habrá puente de metal que no converse con polillas?)
─El cielo gime, moja y quema el alma de los árboles póstumos.
Vos y yo, engrilletados a la culpa y a las arenas paradójicas de la esfinge.
A pesar de todo, seguimos siendo pastores del caos,
pastores del viento, monjes con corazón de góndola,
alborada marcada con X y algoritmos. En cuanto a ti,
sigues siendo el imbécil de siempre, ya que todavía murmuras...

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Albañal


Abro las persianas y respiro del agrio filtro de la suciedad.
Quizá no tenga túnel la lobreguez, pero tiene laberintos.
Entre luciérnagas y despojos, la primera piedra y la advertencia.
Entre las fauces y las letrinas, los escarabajos y los cuervos.
¿Habrá alguna mortaja limpia en el vertedero del caos?
(Supongo que ya no hay rótulos ni trapos para la angustia,
ni fuego que arda en frío diáfano durante el descaro.)
A propósito, ¿tendrá mente propia el andamio de la inconciencia?
Solo nos queda, apoyarnos en la dialéctica del asombro,
regurgitar la melancolía que nos carcome hasta el tuétano
y visitar de vez en cuando el pubis vacío de la Luna.
Al final vos me dirás, si es de sensatos volver a nacer.

martes, 11 de noviembre de 2014

Salvedad


A veces la saliva no alcanza para sobrevivir al extravío.
Las sombras ya tienen su morada, las navajas la carne,
¿acaso no hay borrasca que apague los candiles del dolor?
Ya no creo en el incienso, tampoco en las fábulas de obsidiana,
mi tren se fue, así como la linterna y sus carcajadas hacia las sombras.
Ante todo, quiero pedir a los puntos cardinales la afirmación,
me pregunto si hay respuesta para las tumbillas o para mis desatinos. 
(Fíjate bien en el charco a punto de cadáver, ¡fíjate! Acaso lo ves riendo.)
De igual modo, mis sandalias están por asfixiarse, como plumas en petróleo,
como guijarro pulido con el estertor de un pámpano casi inasible.
Luego susurras con el hollín en tus encías, nada es justo, salvo el otoño;
al final, sigo en esta silla arrugada, estridente, a la espera de otra digresión.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Instante de las sombras


Habrán tres días de sombras ─dicen─. 
A veces uno olvida la geografía de la sangre,
las fotos que chorrean con el vapor lento de las horas,
el hospital, la morgue, los días, encrucijada de telarañas,
espectros que nunca tuvieron turno para la negación.
Aquí, las coronas de granito y cenizas, caracoles,
himnos cantados bajo una obligación, como zombies,
como lechuzas llenando de hojarasca las sienes
e imitando a los trenes cuando perforan al viento.
No obstante, los maniquíes anuncian su última moda,
los murciélagos saludan e hipnotizan con su mirada de estulticia; 
pero siempre es una pérdida de tiempo decir lo que nos duele,
decir lo que las palabras pespuntan tras el desuso inefable. 
(¿Habrá muerto el abecedario junto a los pájaros?)
Heme allí, con un candelabro sin ojos, sin manecillas,
heme inmerso en las sombras de un fin irreparable.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Espía


En la calle los gatos,
en los faroles la luz; 
dime qué haces niño
en ese carro de palos.

─Quiero llegar primero,
tocar el claxon a la Luna
y llevármela a casa
para que vigile mientras duermo.

jueves, 6 de noviembre de 2014

La Guitarra


Ella habla. Nunca calla cuando lloras. Su corazón es de sombras.
Su pálpito la sal, la azúcar, oleaje de cariño para la oreja;
incluso vibra la piel cuando la tocas, ¿la escuchas? Te hace sentir vivo,
te hace sentir espejo, te hace sentir sereno como un puñado de cisnes;
a veces llora, a veces ríe, es una hoja tan viva, tan ella. Ella,
es la virgen que conoce la voz de la Luna, hace vibrar la sangre,
no conoce el silencio, pero conoce la debilidad de las piedras.
(Se abre paso entre los ríos y los rellena con fuerza y coraje.)
Nadie puede olvidarse de ella, es necesaria, es la mejor amante
y la principal evidencia de que existimos; ella... es la culpable.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Sublimación del pañuelo


Te miro a los ojos. Volcán frágil. Guitarra callada.
Piedra partida en dos por la deshora. Mar de cristal.
Flor de loto. No espero que me mientas. Suspiro otoñal.
Jadeo esparcido, en el charco, estertor de recuerdos,
de odio, gitana profanada. Canto incompleto.
Musgo lánguido. Brújula deprimida. Mirada carmesí.
Usada por bufones. Manipulada por el sistema.
Marioneta para algunos. Tesoro para otros. Brasa en mis ojos.
Trapo viejo para la lujuria. Te me acercas. Me consumo.
Como el cigarro. Al compás de las lágrimas,
mientras remiendo la herida en tu pecho
y la guardo en los anaqueles del viento.